sábado, septiembre 18, 2004

Mar adentro, mar adentro...

Mar adentro, mar adentro y en la ingravidez del fondo donde se cumplen los sueños, se juntan dos voluntades para cumplir un deseo.
Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno, y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo; es como penetrar al centro del universo:
El abrazo más pueril, y el más puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo:
Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo, sin palabras: más adentro, más adentro, hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos.
Pero me despierto siempre y siempre quiero estar muerto para seguir con mi boca enredada en tus cabellos.


Versos de Ramón Sampedro, en cuya historia real está basada la película Mar Adentro de Alejandro Amenábar. Hoy por hoy cualquiera conoce la historia de este gallego postrado en una cama durante casi 30 años y con un único deseo: morir, para poder ser libre.
Javier Bardem se mete (literalmente) en la piel de Ramón en una de las mejores interpretaciones de la historia del cine español (y no, no es ninguna exageración).
 
Un Ramón que no juzga a nadie, que no quiere hablar en nombre de nadie, y que no quiere que su actitud sirva de precedente ni excusa para nadie. No habla como tetrapléjico, ni como discapacitado, ni como un hombre atormentado por el sufrimiento. Simplemente es él, Ramón Sampedro, y sólo quiere que se respete su libertad, incluso para morir. Y a pesar del fracaso a la hora de que el estado y la sociedad reconozcan su derecho a morir, finalmente lo consigue, en un proceso cuidadosamente "dividido en pequeñas porciones que en sí mismas no constituyen ningún delito", como el propio Ramón narra en el vídeo de su propia muerte (que es real y ha sido reproducido literalmente en la película por el álter ego de Ramón).
 
En la película, Sampedro-Bardem aparece rodeado de multitud de personajes, inspirados directamente en los personajes del entorno real de Ramón, pero con las imprescindibles licencias dramáticas (no se trata, al fin y al cabo, de un documental). Destacan las dos mujeres que cambiaron los últimos meses de la vida de Ramón: la abogada Julia (interpretada por Belén Rueda), y Rosa (interpretada por Lola Dueñas e inspirada en Ramona Maneiro), una mujer que siente un buen día la necesidad de transmitirle a Ramón sus ganas de vivir, y cautivada por él, acaba ayudándole a cumplir su voluntad rompiendo la atadura de Ramón con su casa familiar, en la que lleva viviendo casi 30 años al cuidado de su hermano mayor, su cuñada, su sobrino y su padre ya anciano ('Sólo hay algo peor que se te muera un hijo: que quiera morirse', dice en una escena de la película).

Mar Adentro es una película emotiva, evocadora y cargada de sentimientos. Una película que llega directa al corazón. Además es una película magníficamente realizada (fotografía, sonido, música, montaje... todo espléndido) y magníficamente interpretada. Es inmediata la empatía con Sampedro-Bardem y con quienes le rodean: la abogada aquejada de una enfermedad degenerativa que quiere ayudarle, la madre soltera de dos hijos que se queda en paro y quiere seguir transmitiendo a Ramón sus ganas de vivir, la cuñada que se desvela por atenderle, el hermano mayor que ha sacrificado su vida para estar cerca de Ramón y que se enfrenta a su deseo de ser ayudado a morir, el sobrino que se manjea con una naturalidad sorprendente con Ramón (que siempre había estado ahí desde que nació), etc.
Mar Adentro no es una película triste. Al contrario, la película queda contagiada por la ironía y el humor de Ramón ("llorar riendo"), que llenan la sala de carcajadas en más de una ocasión. Tampoco es una película sobre la eutanasia, como dicen algunos voceros del búnker católico (sin haberla visto, eso sí). Es una película sobre Ramón Sampedro, un hombre (paradójicamente) lleno de vida que no se resignaba a ser una cabeza pegada a un cuerpo inerte.
Imprescindible.

escrito por Ignacio a 3:47 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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1 comentarios:

Blogger Juan escribió...

Qué grande. Estoy seguro de que voy a postear sobre ella, pero creo que necesito verla por segunda vez (a lo que contribuyen unas ganas tremendas de hacerlo). Creo que nunca había pasado de la risa al llanto -varias veces- con tanta facilidad en una película, y encima es una terapia, porque sales del cine con un optimismo renovado y planteándote cosas en las que a lo mejor nunca habías reparado. El que diga que el cine no tiene poderes curativos...
Expresar aquí (por hacerlo en algún sitio) mi desacuerdo con algunos temas: Me parece mal que se la haya machacado tanto por televisión, dándole publicidad gratuita las 24 h. en TVE, ya que, en el cine español, o se es proteccionista con ninguna peli o se es con todas... Por otra parte, peor me parece que las teles ahora se dediquen a hacer negocio con los vídeos reales de Sampedro y compañía. En último lugar, decirle a Antonio Gasset que cada vez me parece más gilipollas, la última fue la de convertir Mar Adentro en basura, el pasado jueves en "días de cine", cuando su única razón era que ha gustado tanto a crítica como a público...que no se puede ser tan amargado.
Todos a verla, para disfrutar de 2 horas de cine muy bien hecho, para emocionarse mogollón y para reflexionar sobre dos temas ¿o es sólo uno? como son la vida y la muerte. Que nos tocan a todos.

9/18/2004 7:12 p. m.  

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