viernes, octubre 01, 2004

Letras imprescindibles (I)

Así se llamaba el primer post de este blog, y a partir de ahora va a a servir para introducir algunos fragmentos destacados de mi literatura favorita. Intentaré no destriparos ningún libro con estos pequeños apuntes literarios.
He querido empezar con el último libro que ha pasado por mis manos, que demuestra que no hace falta escribir en inglés (o alemán, o sueco, o lo que sea) para cautivar a quien empieza a a leer desde la primera página. Y por dar algo de continuidad con el mensaje anterior, está ambientada en Barcelona.

–No me dejes caer, Daniel–murmuró.
El hombre más sabio que jamás conocí, Fermín Romero de Torres, me había explicado en una ocasión que no existía en la vida experiencia comparable a la de la primera vez en que uno desnuda a una mujer. Sabio como era, no me había mentido, pero tampoco me había contado toda la verdad. Nada me había dicho de aquel extraño tembleque de manos que convertía cada botón, cada cremallera, en tarea de titanes. Nada me había dicho de aquel embrujo de piel pálida y temblorosa, de aquel primer roce de labios ni de aquel espejismo que parecía arder en cada poro de la piel. Nada me contó de todo aquello porque sabía que el milagro sólo sucedía una vez y que, al hacerlo, hablaba un lenguaje de secretos que, apenas se desvelaban, huían para siempre. Mil veces he querido recuperar aquella primera tarde en el caserón de la avenida del Tibidabo con Bea en que el rumor de la lluvia se llevó el mundo. Mil veces he querido regresar y perderme en un recuerdo del que apenas puedo rescatar una imagen robada al calor de las llamas. Bea, desnuda y reluciente de lluvia, tendida junto al fuego, abierta en una mirada que me ha perseguido desde entonces. Me incliné sobre ella y recorrí la piel de su vientre con la yema de los dedos. Bea dejó caer los párpados, los ojos y me sonrió, segura y fuerte.
–Hazme lo que quieras–susurró.
Tenía 17 años y la vida en sus labios.


Carlos Ruiz Zafón. "La sombra del viento".

escrito por Ignacio a 6:21 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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1 comentarios:

Blogger Ignacio escribió...

Por cierto, la novela mezcla una historia de ficción con elementos absolutamente reales. El Ángel de las Brumas, el caserón de la avenida del Tibidabo nº 32, donde acaece esta escena de amor, existe. Fue, como señala el libro en su epílogo, una agencia de publicidad (el propio Zafón trabajó en ella un tiempo) y en la actualidad, casualmente, es una consultoría de Telecomunicaciones ;)

10/02/2004 9:26 p. m.  

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