viernes, noviembre 19, 2004

Letras imprescindibles (III)

'La naranja mecánica' es sin duda una de las obras más particulares de la literatura del siglo XX. Se trata de la novela por la que pasó a la fama el novelista inglés Anthony Burgess (amante del fumeteo de psicotrópicos, por otra parte) después de que el gran Stanley Kubrick la adaptara al cine en 1972. Pocas veces un gran libro da lugar a una mejor película, y este caso es una de esas raras excepciones.

En cuanto al curioso título, procede en realidad de un juego rimado de palabras (como tantos otros típicos del habla 'cockney' londinense). El propio Burgess afirmaba que:
Las naranjas mecánicas no existen, excepto en el habla de los viejos londinenses. La imagen era extraña, siempre aplicada a cosas extrañas. 'Ser más raro que una naranja mecánica' quiere decir que se es extraño hasta el límite de lo extraño. Los europeos que tradujeron el título como ARANCIA a OROLOGERIA u ORANGE MÉCANIQUE no alcanzaban a comprender su resonancia cockney (perteneciente a las clases populares inglesas) y alguno pensó que se refería a una granada de mano, una piña explosiva más barata. Yo la uso para referirme a la aplicación de una moralidad mecánica a un organismo vivo que rebosa de jugo y dulzura.

En cuanto a la novela (en la que aparece un extraño dialecto llamado 'nadsat' de inspiración rusa) narra la vida del joven de 15 años Alex DeLarge, amante de la violencia extrema y la música clásica. Traicionado por sus drugos (amigos), finalmente es capturado por la policía y enviado a prisión, donde sufre un drástico proceso de rehabilitación que le incapacita psíquicamente para ejercer cualquier tipo de violencia. Desorientado y hundido, intenta suicidarse. Hasta que, finalmente, se cura...

-La Novena-dije-. La gloriosa Novena.
Y fue la Novena, oh hermanos míos. Todos empezaron a salir despacio y en silencio, mientras yo descansaba con los glasos cerrados, slusando la hermosa música. El min dijo: -buen chico- palmeándome el plecho, y luego se fue. Sólo quedó un veco que dijo-:Firme aquí, por favor.- Abrí los glasos para firmar, sin saber qué firmaba, y sin que me importase tampoco, oh hermanos míos. Y así me quedé solo con la gloriosa Novena de Ludwig van.
Oh, qué suntuosidad, qué yumyumyum. Cuando llegó el scherzo pude videarme clarito corriendo y corriendo sobre nogas muy livianas y misteriosas, tajeándole todo el litso al mundo crichante con mi filosa britba. Y todavía faltaban el movimiento lento y el canto hermoso del último movimiento. Sí, yo ya estaba curado.

Anthony Burgess. 'La naranja mecánica'.




Así acaba la película de Kubrick, y así acaba la edición censurada de EE.UU., aunque en la versión original hay un capítulo 21 en el que Alex vuelve con una nueva banda de drugos, hasta que cansado de la violencia, decide poner fin y formar una familia.

escrito por Ignacio a 9:00 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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