jueves, diciembre 30, 2004

Hasta la última gota

Todos los aniversarios nos recuerdan el inevitable paso del tiempo: un año más. Como si nada. Pero al reflexionar, nos damos cuenta de lo rápido que pasa: nos invade la desagradable sensación de estar quemando, desperdiciando, horas y horas de nuestra vida y... quién sabe si algún día nos lamentaremos de no poder recuperarla.

El caso es que en estas fechas la sensación se acentúa, debido a la psicosis colectiva. Este aniversario no es como el cumpleaños, que cada cual lo celebra en un día, sino que nos llega a todos por igual, y a todos (o casi todos) nos entran las prisas por exprimir las últimas horas del año (¡otro año más!) hasta la última gota.

Las compras compulsivas, la prisa por tener que hacer precisamente hoy lo que hemos remoloneado durante meses... a mí este año la naturaleza me ha parado los pies, vía gripe urgente del 23 al 27 de diciembre: 'dónde vas, ¿ahora quieres hacer algo? ¿después de rascarte las bowlings narices el resto del año? Ahora te vas a joder, hombre'.

Así que aquí estoy, despidiéndome del 2004... y ya sólo quedan 32 horas. Ni buenos propósitos ni nada, lo único que le pido al 2005 es que se deje vivir un poco más intensamente que sus predecesores más recientes. Al fin y al cabo, sólo se cumplen 20 años una vez en la vida (terrible pereza...).

Feliz año nuevo para todos. Al menos, si puede ser, mejor que el viejo ;)

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lunes, diciembre 20, 2004

Alto, forastero

Alto, forastero
Nunca debiste cruzar el río Esgueva.
Alto, forastero
¡Nunca debiste cruzarlo!

Imperativo legal. "Alto, forastero"


El río Esgueva nace en Espinosa de Cervera (provincia de Burgos, y al ladito de Caleruega, donde aún viven mis abuelos) y desemboca a unos metros de mi casa en el río Pisuerga (el que 'pasa por Valladolid'). A mí me gusta decir que vivo en 'primera línea de río'. Considero un privilegio asomarme a la ventana de mi habitación y ver el Esgueva en lugar de tener a 10 metros de mis narices un bloque de pisos, por ejemplo.

El Esgueva es un río pequeño y rebelde. Un desheredado. Y eso me gusta. Siempre me parecen más dignas (e interesantes) las luchas de los modestos que las de los poderosos. Tal vez tenga algo que ver su pretendida feminidad: los pucelanos de pura cepa (y llamo pucelanos a los capitalinos) siempre hablaron de 'la Esgueva'. A la vez mujer y río, curioso.

Lo de 'la Esgueva' está completamente aceptado, aunque es propio sólo de la capital. En los pueblos del valle es 'el Esgueva', y su feminización parece que tiene que ver con la división en varios ramales del río a su paso por la ciudad. Hartos de la guerra que daban 'las Esguevas' (porque había varios ramales, como digo) en forma de constantes inundaciones, pestes y problemas de todo tipo, los antiguos cauces fueron taponados y el río encauzado por lo que antaño eran las afueras. Y así, Valladolid dejó de ser la 'Venecia de la Meseta' (este apelativo es verídico).



Ni por esas. Las Esguevas siguen fluyendo bajo tierra por donde siempre hicieron, y aún hoy es un problema irresoluble a la hora de hacer excavaciones en muchas céntricas calles de Valladolid (y dicen que quieren soterrar el tren...).

El nuevo Esgueva permaneció olvidado hasta que el éxodo rural castellano desbordó Valladolid. El Esgueva, el río pobre, pequeño y olvidado, pasó a ser el río de los barrios obreros del este de la ciudad: Pajarillos, Batallas, Pilarica, Belén, República (rebautizado 'España' por la gloria de Franco). El 'Paseo del Cauce' que discurre paralelo a él fue durante décadas y hasta finales del siglo XX (pero hasta finales, finales...) un mero camino de barro sin asfaltar (¡en plena ciudad!).

El 'antiguo nuevo' cauce del Esgueva, con la maleza de décadas y su 'paseo marítimo' convertido en barrizal insufrible en invierno y polvazar insufrible en verano, tenía su encanto. Por ejemplo, las muchas ranas que vivían en él y que convertían las noches de verano en conciertos particulares... dormir con la ventana abierta recordaba vagamente a hacerlo (dormir, digo...) en mitad del campo.



Pero llegó la modernización prometida (y necesaria). Si el Esgueva estaba ya en medio de la ciudad, había que convertirlo en un elemento más de la misma. Llegaron los nuevos campus universitarios a sus orillas, se hicieron parques, se asfaltó el antiguo barrizal, se colocaron farolas de ¿diseño? y se reconstruyó el cauce.

Las ranas, pobrecitas, fueron las grandes víctimas. Los anfibios, que son animales muy sensibles (prueba del estropicio que estamos haciendo en el planeta es el imparable descenso en la población mundial de batracios y demás bichos de tierra-agua) sucumbieron a tan drásticos cambios. Fueron sustituidas por terribles animales.

Las ocas. Terribles ellas. Ahora son las dueñas del cotarro. Parecen muy bonitas, pero son bicharracos de armas tomar (¡no en vano hace siglos se usaban como animales guardianes!, y esto también es verídico). Las ocas son las generalas del ejército anátido que domina ahora el Esgueva. El suave telón de fondo del croar de las ranas ha sido sustituido por sus escandalosos gruñidos (realmente estridentes, doy fé).

Además, las ocas son muy listas. Nada de animales 'decorativos'. Yo creo que planean su asalto al poder. Están conspirando. Quieren un mundo de ocas: nosotros somos los siguientes. Pronto vendrán... será la batalla final. Aprovechan cuando nosotros dormimos. Cuando vuelvo de fiesta dar una vuelta muchos viernes y sábados de madrugada, invaden la calle. Es cierto.



Mientras están a plena luz del día se muestran comedidas y no salen de los matojos del cauce. Pero de madrugada, suben las escaleras y se dan paseos por la acera, tranquilamente. Acojona volver tranqulamente a casa y que se te cruce de frente una oca andando como Pedro por su casa. Pero no sólo eso... cruzan la carretera ¡¡por el paso de cebra!!, en fila todas ellas muy formales y ordenadas. ¡Y yo lo he visto! De verdad, no estaba borracho alucinando. Conspiran. Llamadme loco, pero yo lo sé...

Post Script: No sé muy bien a qué viene este post, pero el río Esgueva merecía mi homenaje particular. Así que dejaos caer por el valle del Esgueva. Y mirad con recelo a las ocas ¬¬

Actualización: Los comentarios al mensaje merecen la pena ;D

escrito por Ignacio a 6:05 p. m.  ..  ver mensaje  ..  5 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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viernes, diciembre 10, 2004

Good bye, Lenin!


'Good Bye Lenin', de Wolfgang Becker y protagonizada por el actor (barcelonés) Daniel Bruehl, es una de esas películas entrañables con las que es fácil empatizar. Narra la historia de Alex y su madre: comunista convencida de Berlín este desde que el padre de Alex cruzó el muro abandonándoles, ha vivido volcada con los valores de su 'patria socialista' desde entonces. Pero es 1989 y algo está cambiando al este del telón de acero. Alex es golpeado y detenido en una manifestación contra el muro. Su madre, que pasa por allí, cae fulminada por un infarto y entra en coma.


Durante los ocho meses que la buena señora Kerner pasa en coma, su patria socialista se desploma por completo. El muro cae. Los viejos Trabants 'össies' invaden el oeste y lujosos BMWs 'wessies' asombran en el este. El modo de vida de los össies desaparece. Llega la publicidad masiva. La comida rápida. La Coca-Cola. El colmado de la esquina se convierte de repente en un moderno supermercado occidental. Una sola Alemania celebra el triunfo en el mundial de fútbol de 1990. Todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, que es literal para la madre de Alex cuando despierta tras ocho meses de coma.


Ante su estado delicado, Alex sabe que el mínimo disgusto sería fatal para su madre. Y saber que la Alemania Democrática ha desaparecido, totalmente engullida por la Federal, es algo que para una camarada socialista como Christiane Kerner puede resultar trágico. Así comienza la farsa. Con la ayuda de viejos amigos de su madre, y a regañadientes, de su hermana (cuyo nuevo novio occidental es un encargado de Burger King), recrea una RDA virtual en la habitación de su madre. Hasta tal punto que llena las viejas latas de pepinillos 'socialistas' (capricho de su madre) con los nuevos pepinillos holandeses del antiguo colmado.


Gracias a su nuevo amigo (y fanático del video) occidental, Alex llega a recrear los antiguos noticieros de la RDA. la farsa 'comienza a tomar vida propia', y llega a extremos surrealistas cuando, ante la imposibilidad de ocultar la evidencia, fingen un telediario en el que se habla de la 'masiva llegada de alemanes occidentales a Berlín este huyendo de las miserias y las injusticias del capitalismo', que supuestamente piden refugio en la Alemania comunista. 'Pobrecillos', parece suspirar la señora Kerner convencida del engaño, antes de instar a sus hijos a acoger a 'un occidental' como si se tratase de un niño saharaui desnutrido...


Good Bye Lenin no ahorra los aspectos traumáticos del paso al capitalismo ('capitalista de mierda', grita Alex cuando el banco rechaza sus marcos orientales que son todos los ahorros de la familia) e incide en su aspecto más consumista y deshumanizador: pareciera como si los alemanes orientales quisieran, simplemente, conducir coches más rápidos que esas cajas de zapatos llamadas Trabant, ver la TV parabólica y comer hamburguesas.


También es un alegato de la utopía comunista (que como la Historia ha comprobado, distó mucho de llevarse a cabo). El propio Alex reconoce que ha reconstruido para su madre 'no el país que era, sino el que le gustaría que hubiera sido'. El país lleno de altruistas 'camaradas socialistas' dispuestos a acoger a los wessies que huyen despavoridos de la miseria capitalista. Aunque no desvelaremos el final, hay un bello discurso (totalmente falso, por supuesto) que resulta un emotivo llamamiento a la tolerancia (recuerda vagamente, salvando las distancias, las palabras de Charlie Chaplin en la escena final de 'el Gran Dictador'), protagonizado por un taxista ex-cosmonauta a quien Alex ha convertido en presidente de la RDA para su madre.


'Good Bye Lenin' deja secuencias memorables, como la estatua de Lenin retirada en helicóptero ante la atónita mirada de Christiane Kerner, a quien parece saludar, que en definitiva condensa la esencia de la película, o el despliegue de un gigantesco cartel de Coca-Cola ante sus ojos atónitos, mientras su hijo, de espaldas, le habla de los 'camaradas' que han venido a visitarla.

'Good Bye Lenin' reflexiona sobre nuestra 'perfecta' sociedad capitalista, a través de los ojos de una socialista inocente e idealista, convencida de la justicia de sus planteamientos. Y lo hace de forma emotiva para los nostálgicos de Repúblicas y demás. Ya me entendéis ;).

escrito por Ignacio a 7:09 p. m.  ..  ver mensaje  ..  4 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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domingo, diciembre 05, 2004

Analfabetos

Tenía en la cocina un post sobre el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca (el de los famosos 'papeles de Cataluña') al hilo de las declaraciones al respecto del historiador Paul Preston, pero para no convertir estas páginas en un monográfico de rojerío ibérico, me he lanzado a las teclas para escribir algo que me viene a la cabeza de forma recurrente cuando la gente pone cara de póker (por decir algo benévolo) cuando alguien habla de integrales o de la estructura del átomo.

El analfabetismo científico y técnico de este país me parece preocupante. Cada vez que veo a un estúpido jaleando las soberanas gilipolleces de Unamuno ("que inventen ellos", "me cago en la electricidad", entre otras) sé que nos hemos ganado a pulso durante décadas ser el pintoresco primo subdesarrollado de la Vieja Europa. A la endémica sequía de talentos (y admitir a Unamuno como una de las principales referencias intelectuales contemporáneas es buena prueba de ello) se le une un (también endémico) nulo interés por la investigación científica. El hambre y las ganas de comer. Y eso sólo puede dar como resultado el freno total del desarrollo tecnológico. Durante el siglo XIX, España fue el prototipo de lo que hoy entendemos por país tercermundista: vendía materias primas para que los extranjeros desarrollasen con ellas sus industrias, para reinvertir lo obtenido en los productos industriales manufacturados que procedían de esos mismos países extranjeros.

Después de llevar muchos años rodeado de números por todas partes, me ha llamado la atención no haber encontrado nunca el nombre de un matemático, físico, químico o similar perteneciente no ya al estado español, sino al mundo hispanohablante. Al norte tenemos la cuna de los grandes matemáticos y científicos del XVIII y XIX: Los Laplace, Lagrange, el gran Fourier y tantos otros, por no hablar de los enciclopédicos Diderot, D'Alembert y compañía. El beneficioso efecto del progreso científico francés apenas se dejó notar en la península, donde andábamos más preocupados de quemar herejes y evitar tentaciones revolucionarias. De refilón, el gran químico galo Lavoisier enunció en Segovia su Ley de las Proporciones Definidas (uno de los pilares de la química experimental, incipiente en aquellos tiempos), aprovechando que algún Borbón le había untado para que viniese a culturizarnos.

No sólo es cosa de gabachos el tema, ni de noreuropeos. Otro país 'mediterráneo' como Italia puede presumir de Fermi y de Marconi, y de grandes matemáticos, que aunque desconocidos para el gran público, son responsables de teoremas fundamentales, como Guido Fubini. Incluso existe una 'formula de Rodrigues' con una pinta inequívocamente lusófona. Pero en fin, insisto, por estos lares, ni rastro.

Y no se trata de que todo el mundo aspire a ser como Gauss o Euler. Sería ya un estupendo síntoma que las nuevas generaciones conocieran a Gauss y a Euler tan bien como conocen a Da Vinci o Miguel Ángel supieran quienes fueron Gauss y Euler. Pero el sistema educativo de este país es una auténtica burla a la ciencia. Es inexplicable e incomprensible como en un país que se considera civilizado alguien puede obtener un título universitario sin haber cursado en su vida Física y Química (el primer curso en que se imparte esta asignatura es 4º de ESO, y se hace de forma optativa), Biología (ídem. a lo anterior) o Matemáticas de verdad (el análisis de funciones, el álgebra y la probabilidad no se introducen de forma rigurosa hasta 4º de ESO, y de nuevo, en una asignatura optativa, frente a las llamadas 'matemáticas fáciles', que deberían ser llamadas 'amago de matemáticas' para hacer honor a la realidad).

Y de verdad, siempre que oigo al tele-soplapollas de turno hablando de que se necesita más 'cultura humanística' me pongo enfermo. ¡Claro que está bien tener cultura humanística, pero es que vivimos en un país donde un individuo dice 'soy de letras' para excusarse de no saber sumar la cuenta de un restaurante y la peña le ríe la gracia!. Actualmente, alguien que quiera ser ingeniero, o mecánico con titulación de técnico superior, por poner dos ejemplos, tiene que cursar de forma obligatoria filosofía en los dos cursos del Bachillerato (gracias a Pilar del Caudillo), perdiendo horas para asignaturas optativas del ramo (como la Tecnología Industrial o la Química, fundamentales para un futuro ingeniero industrial). Huelga decir que se puede ser periodista sin saber resolver una ecuación de segundo grado.

Creo que no se puede formar a los supuestos 'profesionales cualificados' de mañana obviando algo tan sustancial como es la Ciencia. La Ciencia explica los mecanismos del universo. La Ciencia es el cemento que une los ladrillos matemáticos para edificar la Tecnología. La misma que salva vidas aplicada a la medicina, que nos permite viajar por los aires, cocinar sin sartén o mandar un SMS. La misma que permite que tú, donde quiera que estés, leas esto que yo escribo al calor de la chimenea de una casa a orillas del Esgueva. La Ciencia es capaz de describir incluso la maquinaria más compleja que conocemos, nuestro propio cuerpo.

Pero yo no soy quien para dar lecciones, al fin y al cabo, cada cual es muy libre de vivir en la más absoluta oscuridad si así lo desea. Seguiremos produciendo grandes escritores y artistas, para poder al menos lamentarnos con bellas palabras y metáforas de nuestra endémica e inevitable ignorancia y sus consecuencias. Seguiremos engordando la 'cultura humanística', alimentando nuestra vanidad antropocéntrica frente a la incontestable belleza de la sinfonía matemática que es nuestra propia existencia.

Y no, no reniego de las Humanidades. No suelo renunciar a un buen libro. Me gusta captar en el cine algo más profundo que un entretenimiento momentáneo aderezado con palomitas. Estudié cultura clásica cuando tuve la ocasión. Mis notas en Filosofía o Literatura solían ser más brillantes que en Matemáticas. Incluso en la carrera, procuro (y lo seguiré haciendo) alejarme de la telemática, la electrónica o la teoría de la señal para completar mis créditos de libre configuración. Y por supuesto, la contemplación de la Madonna de Edvard Munch produce en mí sensaciones infinitamente más profundas que el desarrollo de una señal en serie de Fourier.

No se trata de saberlo todo de todas las cosas. Se trata, al menos, de abrir las ventanas del conocimiento. Lo que los antiguos griegos llamaban filosofía.

escrito por Ignacio a 10:52 p. m.  ..  ver mensaje  ..  2 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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