domingo, diciembre 05, 2004

Analfabetos

Tenía en la cocina un post sobre el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca (el de los famosos 'papeles de Cataluña') al hilo de las declaraciones al respecto del historiador Paul Preston, pero para no convertir estas páginas en un monográfico de rojerío ibérico, me he lanzado a las teclas para escribir algo que me viene a la cabeza de forma recurrente cuando la gente pone cara de póker (por decir algo benévolo) cuando alguien habla de integrales o de la estructura del átomo.

El analfabetismo científico y técnico de este país me parece preocupante. Cada vez que veo a un estúpido jaleando las soberanas gilipolleces de Unamuno ("que inventen ellos", "me cago en la electricidad", entre otras) sé que nos hemos ganado a pulso durante décadas ser el pintoresco primo subdesarrollado de la Vieja Europa. A la endémica sequía de talentos (y admitir a Unamuno como una de las principales referencias intelectuales contemporáneas es buena prueba de ello) se le une un (también endémico) nulo interés por la investigación científica. El hambre y las ganas de comer. Y eso sólo puede dar como resultado el freno total del desarrollo tecnológico. Durante el siglo XIX, España fue el prototipo de lo que hoy entendemos por país tercermundista: vendía materias primas para que los extranjeros desarrollasen con ellas sus industrias, para reinvertir lo obtenido en los productos industriales manufacturados que procedían de esos mismos países extranjeros.

Después de llevar muchos años rodeado de números por todas partes, me ha llamado la atención no haber encontrado nunca el nombre de un matemático, físico, químico o similar perteneciente no ya al estado español, sino al mundo hispanohablante. Al norte tenemos la cuna de los grandes matemáticos y científicos del XVIII y XIX: Los Laplace, Lagrange, el gran Fourier y tantos otros, por no hablar de los enciclopédicos Diderot, D'Alembert y compañía. El beneficioso efecto del progreso científico francés apenas se dejó notar en la península, donde andábamos más preocupados de quemar herejes y evitar tentaciones revolucionarias. De refilón, el gran químico galo Lavoisier enunció en Segovia su Ley de las Proporciones Definidas (uno de los pilares de la química experimental, incipiente en aquellos tiempos), aprovechando que algún Borbón le había untado para que viniese a culturizarnos.

No sólo es cosa de gabachos el tema, ni de noreuropeos. Otro país 'mediterráneo' como Italia puede presumir de Fermi y de Marconi, y de grandes matemáticos, que aunque desconocidos para el gran público, son responsables de teoremas fundamentales, como Guido Fubini. Incluso existe una 'formula de Rodrigues' con una pinta inequívocamente lusófona. Pero en fin, insisto, por estos lares, ni rastro.

Y no se trata de que todo el mundo aspire a ser como Gauss o Euler. Sería ya un estupendo síntoma que las nuevas generaciones conocieran a Gauss y a Euler tan bien como conocen a Da Vinci o Miguel Ángel supieran quienes fueron Gauss y Euler. Pero el sistema educativo de este país es una auténtica burla a la ciencia. Es inexplicable e incomprensible como en un país que se considera civilizado alguien puede obtener un título universitario sin haber cursado en su vida Física y Química (el primer curso en que se imparte esta asignatura es 4º de ESO, y se hace de forma optativa), Biología (ídem. a lo anterior) o Matemáticas de verdad (el análisis de funciones, el álgebra y la probabilidad no se introducen de forma rigurosa hasta 4º de ESO, y de nuevo, en una asignatura optativa, frente a las llamadas 'matemáticas fáciles', que deberían ser llamadas 'amago de matemáticas' para hacer honor a la realidad).

Y de verdad, siempre que oigo al tele-soplapollas de turno hablando de que se necesita más 'cultura humanística' me pongo enfermo. ¡Claro que está bien tener cultura humanística, pero es que vivimos en un país donde un individuo dice 'soy de letras' para excusarse de no saber sumar la cuenta de un restaurante y la peña le ríe la gracia!. Actualmente, alguien que quiera ser ingeniero, o mecánico con titulación de técnico superior, por poner dos ejemplos, tiene que cursar de forma obligatoria filosofía en los dos cursos del Bachillerato (gracias a Pilar del Caudillo), perdiendo horas para asignaturas optativas del ramo (como la Tecnología Industrial o la Química, fundamentales para un futuro ingeniero industrial). Huelga decir que se puede ser periodista sin saber resolver una ecuación de segundo grado.

Creo que no se puede formar a los supuestos 'profesionales cualificados' de mañana obviando algo tan sustancial como es la Ciencia. La Ciencia explica los mecanismos del universo. La Ciencia es el cemento que une los ladrillos matemáticos para edificar la Tecnología. La misma que salva vidas aplicada a la medicina, que nos permite viajar por los aires, cocinar sin sartén o mandar un SMS. La misma que permite que tú, donde quiera que estés, leas esto que yo escribo al calor de la chimenea de una casa a orillas del Esgueva. La Ciencia es capaz de describir incluso la maquinaria más compleja que conocemos, nuestro propio cuerpo.

Pero yo no soy quien para dar lecciones, al fin y al cabo, cada cual es muy libre de vivir en la más absoluta oscuridad si así lo desea. Seguiremos produciendo grandes escritores y artistas, para poder al menos lamentarnos con bellas palabras y metáforas de nuestra endémica e inevitable ignorancia y sus consecuencias. Seguiremos engordando la 'cultura humanística', alimentando nuestra vanidad antropocéntrica frente a la incontestable belleza de la sinfonía matemática que es nuestra propia existencia.

Y no, no reniego de las Humanidades. No suelo renunciar a un buen libro. Me gusta captar en el cine algo más profundo que un entretenimiento momentáneo aderezado con palomitas. Estudié cultura clásica cuando tuve la ocasión. Mis notas en Filosofía o Literatura solían ser más brillantes que en Matemáticas. Incluso en la carrera, procuro (y lo seguiré haciendo) alejarme de la telemática, la electrónica o la teoría de la señal para completar mis créditos de libre configuración. Y por supuesto, la contemplación de la Madonna de Edvard Munch produce en mí sensaciones infinitamente más profundas que el desarrollo de una señal en serie de Fourier.

No se trata de saberlo todo de todas las cosas. Se trata, al menos, de abrir las ventanas del conocimiento. Lo que los antiguos griegos llamaban filosofía.

escrito por Ignacio a 10:52 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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2 comentarios:

Blogger Ignacio escribió...

Y justo un día después de publicar un mensaje, sale a la luz un estudio que confirma mis peores expectativas: los estudiantes españoles de nivel de ESO están muy por debajo de la media del mundo desarrollado no sólo en ciencias y matemáticas, también en lectura. O sea que ni con 'cultura humanística'. Lamentable. Padres católicos, síganse preocupando de la evaluabilidad de la religión mientras crían a sus hijos como analfabetos funcionales del mañana.

12/07/2004 6:39 p. m.  

Blogger Sabela escribió...

Pues si. Es lamentable. Así es que gana el PP... :P

12/07/2004 10:07 p. m.  

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