lunes, marzo 14, 2005

Cuatro días de Marzo


Nunca más otro 11 M

Parece que fue ayer y ha pasado ya un año desde aquellos cuatro días convulsos de 2004 que supusieron para mi generación un abrupto bautismo democrático. La noche del 10 de marzo, miércoles (qué pasa, ¿nunca habéis salido un miércoles?) yo me encontraba en un concierto de Familia Iskariote (sí, otro), con unos amigos de Burgos. Cuando se apagaron los focos del escenario, compartimos unas cervezas en el local. Hablamos de muchas cosas. Entre otras, del terrorismo.

La mañana del 11 de marzo amaneció brumosa, tan brumosa como las palabras que iban llegando desde una radio, o televisión, encendida en alguna parte de mi casa. Aún en duermevela; terror, muerte, Madrid, sonaban de forma recurrente. Hasta que comencé a comprender lo que había pasado. Nada más que me levanté, mi padre me espetó "La que han preparado los de ETA en Madrid...".



Yo, que ya había tenido tiempo de elucubrar desde que conseguí encajar semejante horror, reaccioné rápidamente: "No creo que haya sido ETA...". Y francamente, no lo creía... ¿no estaban acabados, según el (ex)gobierno? ¿Realmente tenía capacidad de semejante masacre? ¿Acaso había cometido alguna vez una barbarie de semejantes dimensiones, con el único objetivo de matar aleatoriamente a estudiantes y trabajadores? Y a mí no se me pasó que, maldita la puñetera gracia, ese mismo día se cumplían exactamente dos años y medio del fatídico 11 de septiembre de 2001.

La reacción de esos que se hacen llamar políticos fue, cómo no, lamentable. Acebes y compañía insistían en la autoría de ETA para despejar las dudas sobre el triunfo de la derecha en las elecciones del domingo siguiente. Una autoría que, desde el primer instante, y sin necesidad de ser una lumbrera, ofrecía dudas más que significativas. Los del pesoe no se atrevían a abrir la boca para que nadie les llamase 'antiespañoles', 'amigos de los amigos de los terroristas' o cosas peores. El lehendakari, como siempre, fiel a su discurso: 'Los vascos y las vascas...'. Y para qué seguir.



El día 11 fue el día del caos, de la confusión, de las sospechas, de la mentira y de los rumores. Todo quedó aparcado por un día. El 12 de marzo fue un paréntesis general en este país (menos para la ETSI de Telecomunicación de Valladolid, cómo no, que tuvo clases hasta las 10 de la noche aquel día). Todo el mundo se echó a la calle. En Valladolid se dijo que llegaban a 250.000 personas las que tomaron las calles (y no somos más de 350.000 en total). Poco importaba que algunos sólo estuvieran allí por figurar, por curiosear o por exhibir determinadas banderas o símbolos. No era ése el sentimiento mayoritario de los que estábamos allí, que sólo queríamos, dolidos e indignados como estábamos, pedir justicia (y no venganza, que es muy distinto).

Roto el paréntesis, el 13 de marzo las dudas sobre la autoría eran ya hipótesis fundadas que corrían entre la pólvora gracias a los teléfonos y la red, y a los (pocos) medios de comunicación no controlados por el gobierno de Aznar. No es cierto que los mensajes de teléfono móvil fueran los responsables de las convocatorias espontáneas de aquél sábado el 13 de marzo. Fue Internet (bendita Internet). Los mentideros de la red bullieron como nunca aquél día. A mi no me llegó ningún SMS, pero sí algún correo electrónico y textos enviados a los chats de tipo: 'La gente se está manifestando en Madrid frente a la sede del PP. En Valladolid la sede está en la calle Alcalleres, nos vemos allí a partir de las 20.30 horas', y similares.

Me sorprende que haya quien diga que aquel sábado fue un día triste para la democracia por culpa de esas manifestaciones espontáneas, que salvo en Madrid, fueron protagonizadas por muy poquita gente. ¿No es infinitamente más triste que un gobierno engañe conscientemente a sus ciudadanos cuando acaban de morir 192 paisanos para no perder unas elecciones? Y de todos los candidatos a presidente del gobierno que concurrían a las elecciones del día siguiente, sólo uno (y era el del PP, curiosamente), violó la jornada de reflexión compareciendo públicamente.



En fin. El 14 de marzo, como diría Forges, amanecía esperanza. Y la gente se echó a votar como nunca. Yo, que estuve en dos colegios electorales próximos a mi casa (en dos barrios obreros como son la Rondilla y el Barrio de España), nunca había visto nada igual (en mis primeras elecciones con derecho a voto), y eso que siempre he acompañado a mis padres a hacer sus 'deberes'. Los colegios estaban atestados de gente. Y, todo hay que decirlo, la mayoría de esa gente estaba harta, y en buena medida votando al PSOE abiertamente, sin necesidad de meterse en ninguna cabina.

Se confirmó al fin un cambio de gobierno que parecía imposible, pero en el que yo había creído firmemente desde antes del 11M. Y es que para mis adentros pensaba que la gente no es tonta. Y no es sólo el 11M. Es la guerra, y el Prestige, y el Yak42, y la intransigencia, y la vivienda, y la soberbia, y el clericalismo... El 15 de marzo amanecía todavía con lágrimas, pero muchos nos sentíamos como si nos hubiésemos quitado de encima un peso insoportable.

escrito por Ignacio a 6:41 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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2 comentarios:

Anonymous thiorhi escribió...

abuuu...!!!! todas esas personas k murieron por el terrorismo ...k terrible...

3/16/2011 12:03 a. m.  

Blogger Mercedes Valls escribió...

"Se confirmó al fin un cambio de gobierno que parecía imposible, pero en el que yo había creído firmemente desde antes del 11M"
IGNACIO, Sigues creyendo firmemente en el cambio (Psoe),, te valió la vena el cambio?, o quizás seas uno de los 4.000.000 de parados a los que perjudicó ese maldito día 11M y ese maldito Cambio
¡¡Mis condolencias a las familias perjudicadas!!

7/04/2011 11:46 p. m.  

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