domingo, abril 24, 2005

Castilla no se doblega

Ya cunde en toda Castilla
la rebelión comunera.
Comunes el sol y el viento,
común ha de ser la tierra,
que vuelva común al pueblo
lo que del pueblo saliera.

Luis López Álvarez "Los Comuneros".


"1521, y en abril para más señas, en Villalar ajustician a quienes justicia pidieran". Primeros versos del himno oficioso de Castilla, el Canto de Esperanza. Hace casi 500 años ya que las libertades castellanas fueron derrotadas en Villalar de los Comuneros (Valladolid). Las tropas comuneras, que habían gozado de una posición ventajosa durante toda la guerra contra la nobleza, salieron del castillo de Torrelobatón y fueron alcanzados por los imperialistas en las campas de Villalar, donde fueron derrotados bajo la lluvia, enfangados en el lodazal.

Las tropas comuneras, dispersas. Su gran capitán, Juan de Padilla, decapitado. Idéntica suerte para su cuñado, y a la sazón líder de los comuneros segovianos, Juan Bravo, Francisco Maldonado y otros muchos comuneros. No tardaron en caer las capitales comuneras del norte de Castilla, y sus concejos gobernados por los representantes del pueblo.

A la vez, las noticias llegaban a la heroica ciudad de Toledo, con María de Pacheco, la Leona de Castilla, al frente, y con el obispo Acuña sujetando el báculo con una mano y la espada con otra. Los comuneros toledanos, exhaustos, prolongaron su agonía en cuanto pudieron, e incluso rebrotó la rebelión al cabo de unos meses cuando los curas celebraron el nombramiento del cardenal Adriano, colocado por Carlos V al mando del ejército imperial, como papa (el ultimo papa no italiano antes de Juan Pablo II).

Cayeron los últimos bastiones comuneros. Carlos V impuso a las ciudades comuneras (es decir, todas las castellanas con representación en Cortes excepto Burgos) el pago de cuantiosas indemnizaciones. María de Pacheco acabó sus días exiliada en Portugal. El Obispo Acuña mató a sus guardias en la cárcel en un último intento de fuga antes de ser abatido. Castilla conoció desde entonces el declive, la postración y la sumisión de sus propios intereses a los delirios imperiales de los Habsburgo, en los que Castilla dilapidó su hacienda y generaciones enteras de hombres muertos en guerras absurdas.

Y es cierto que, como reza el romance, "desde entonces ya Castilla no se ha vuelto a levantar". Los comuneros permanecieron durante siglos en el olvido, mientras Castilla menguaba y perdía todos los trenes del progreso. 300 años después de la batalla, en plena efervescencia liberal, un castellano de pro, miembro de la Sociedad de Caballeros Comuneros, Juan Martín "El Empecinado", se resolvió a restaurar su memoria. En las campas de Villalar, desenterró los restos de Padilla, Bravo y Maldonado, a quienes rindió homenaje en el primer precedente de la celebración del Día de Villalar.

Otro siglo y medio pasó hasta que quienes aún guardaban el espíritu de las Comunidades instauraron las celebraciones de Villalar, pidiendo democracia y autonomía para Castilla. Año tras año, a pesar de las cargas de la Guardia Civil, se concentraban un puñado de valientes. Hasta que la fiesta, ya en 'democracia', fue legalizada.

Llegó el pueblo en masa a las campas de Villalar. También llegaron los políticos a prostituir la fiesta y apoderarse del espíritu comunero. Los mismos chiquilicuatres que consintieron el cuarteamiento de Castilla sin consultar al pueblo castellano. Los mismos que cantaban el 'Canto de Esperanza' en la campa pero después jugaban al 'Risk' en sus despachos, inventandose comunidades autónomas de fantasía y reescribiendo la historia.

Hasta hoy se ha ido consolidando la farsa. La fiesta de Villalar se ha mantenido año tras año a pesar del constante desprecio de los gobiernos ultraderechistas de Castilla y León (fue Aznar, ese gran demócrata, el primero en menospreciar la fiesta de Villalar cuando presidió la Junta de Castilla y León). Las demás comunidades castellanas se alejaron de la campa con la misma rapidez que sus gobernantes ineptos iban construyendo identidades ficticias.

Esta labor de desgaste ha tenido su fruto, y hoy se pretende institucionalizar Villalar como la celebración oficial de la comunidad de Castilla y León. Villalar es y será una fiesta popular, y una fiesta castellana. De toda Castilla. ¿Qué pensarían los comuneros toledanos, madrileños, alcalaínos, conquenses? ¿Los Pacheco, Zapata y compañía? ¿No lucharon hasta la extenuación por la Comunidad al igual que sus compañeros del norte? ¿Fueron acaso menos castellanos que los Padilla, Bravo y Maldonado?

La prensa regional, en un alarde de cinismo que se repite anualmente, pasa completamente por alto el espíritu popular, reivindicativo, joven, comunero y netamente castellanista de la campa. Los pendones morados de Castilla, que predominan absolutamente en la campa, son ignorados en favor de las institucionales banderas de Castilla y León. Por fortuna, nunca podrán fotografiar banderas monárquicas españolas porque no las hay (y sí republicanas, con su tercera franja morada en honor a Castilla). La juventud más reivindicativa, la que mantiene vivo el espíritu castellano, la mayoritaria en la campa, se reduce según estos mercenarios de la pluma a grupos de exaltados, afectados por el alcohol de la noche anterior. Los tópicos de siempre.

Los políticos peperos, los mismos que hasta hace cuatro días insultaban la memoria comunera, ahora van allí a hacerse la foto (única y exclusivamente). Bien claro que cumplen su objetivo: acaparan las informaciones de los 'objetivos' reportajes de prensa y televisión. Televisión local, claro. Porque en pleno día de 'sanyordi', con tanto libro y tanta rosa, sería, para gente tan progre como los de Informativos Telahínco, de mucho catetismo acordarse de un puñado de merluzos (que no bajan ningún año de 20.000, nieve o hiele, y este año han superado con creces los 50.000) que celebran el día de algo que suena tan rancio como Castilla.

Pues no. Castilla existe. Castilla no se rinde. Castilla no se doblega. Pueden intentar 'culturizarnos' con sus logses, sus ridículas autonomías con estúpidas banderas inventadas y señas de identidad inexistentes. Pero no pueden cambiar la historia de Castilla, que existe desde hace más de doce siglos (cuando pensar en algo parecido al estado español no pasaba de quimera). No se murió en Villalar el orgullo castellano. Por más que quienes intentan destruir a Castilla vengan a la campa a hacerse la fotito, y por más que los medios de (des)información ignoren, manipulen y tergiversen la realidad, cada 23 de abril recordaremos a quienes lucharon por el pueblo y perdieron tan justa guerra. Castilla Comunera.

escrito por Ignacio a 10:42 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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