sábado, abril 09, 2005

Fumata negra (II)

Pues sí, con un día de retraso sobre lo previsto, continúo el mensaje que dejé pendiente. El caso es que Juan Pablo II pertenece ya al pasado, y los señores cardenales, con su decano Joseph Ratzinger a la cabeza se han enclaustrado ya para meditar ante la proximidad del cónclave, palabra que significa 'con llave'.

Antaño, el proceso de elección de un nuevo papa se podía complicar hasta extremos insospechados. Dice la tradición que en cierta ocasión, sus eminencias llevaban la friolera de tres años sin ponerse de acuerdo, y entonces el sabio pueblo decidió encerrarles con llave y tenerles a pan y agua hasta que tuviesen a bien ponerse de acuerdo. Así nació el cónclave. (Bien es cierto que en esta ocasión no estarán a pan y agua sino a cuerpo de rey).

El proceso del cónclave es desconocido para la gran mayoría y su liturgia se había mantenido durante siglos hasta que Wojtyla decidió cambiar un aspecto de la votación que parece nimio, pero resulta muy importante. Hasta ahora, para elegir un papa, el cónclave debía alcanzar un consenso de dos tercios respecto a un determinado candidato antes de la fumata blanca, lo cual podía llevar todas las jornadas de votación que fuese necesario.

Ahora, tras tres sesiones de votación (de tres días cada una), es decir, tras tres cónclaves propiamente dichos, pudiera suceder que ningún candidato hubiera obtenido mayoría de dos tercios. Entonces se hará una nueva votación, en la que el candidato que venza por mayoría simple será proclamado papa.

Esto que parece un mero aspecto burocrático, es en realidad muy importante. Durante el cónclave se pueden fraguar grupos de presión (como los que acabaron llevando contra todo pronóstico a Wojtyla a la silla de san Pedro) que, siendo incapaces de aglutinar dos tercios de los votos en favor de su candidato, opten por trabajar para impedir que ningún otro alcance los dos tercios, y así eventualmente su candidato llegaría a la última votación donde bastaría una mayoría simple, relativamente fácil de conseguir si son muchos los candidatos que llegan hasta allí con aspiraciones, para colocarlo como papa.

Entre esos grupos de presión esta el Opus Dei, que ha cobrado especial fuerza durante el último pontificado y ejerce una enorme influencia sobre el colegio cardenalicio. Cuenta con algún cardenal entre sus filas, y otros cuantos son miembros de la Sociedad de la Santa Cruz. Digamos que por motivos burocráticos un miembro del Opus puede ser ordenado sacerdote (y evidentemente no pierde su condición de miembro), pero un sacerdote ya ordenado no puede ingresar en el Opus, carencia que suple la mencionada sociedad.

De todos modos estas suposiciones entran más bien dentro del terreno del juego de azar. La verdad es que puede pasar cualquier cosa, y en el tema de las elecciones papales las predicciones resultan inútiles y ya hay suficientes precedentes de ello. Aún así, recordemos los tres grandes tópicos a este respecto:

1) Quien entra papa al cónclave, sale cardenal: es decir, que nunca los grandes favoritos de las quinielas acaban ocupando el trono vaticano. Aunque esto admite grandes matices, en la última elección se cumplió a rajatabla. También hace referencia a que en ocasiones, candidatos claramente favoritos fueron desechados a última hora por el cónclave precisamente por no ser modestos y dar por hecha su elección.

2) A un pontificado largo le sigue uno de transición: Wojtyla fue elegido joven y se mantuvo más de un cuarto de siglo en el puesto, no parece probable que esto se repita. A Pio XII (el segundo pontificado más largo después de san Pedro) le sucedió un Juan XXIII ya anciano, que en sus escasos cinco años de mandato convocó un Concilio Ecuménico (cosa que ha sucedido muy pocas veces en el último milenio) y puso la Iglesia patas arriba a golpe de aggiornamento. Así que lo de tansición queda en entredicho.

3) A un papado conservador le sigue uno liberal: Ya lo comentaba anteriormente: al papado progresista de 33 días de Luciani le sucedió el papado conservador de 26 años de Wojtyla. Pero en fin, bien pudiera ser que efectivamente el nuevo pontífice diera un giro en la política respecto a sexualidad, papel de la mujer y demás, o simplemente relegara estos temas en favor de la acción contra la pobreza generada por el neoliberalismo salvaje contemporáneo (algo mucho más acorde con el mensaje evangélico).

Hasta que los cardenales se encierren y se pongan a votar, seguiremos especulando. Entre otras cosas, los medios no evitarán la tentación de las quinielas papales. Yo tampoco, y por eso este post tendrá una tercera entrega. Quizá mañana.

escrito por Ignacio a 4:58 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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