miércoles, julio 13, 2005

Letras imprescindibles (VI)

Dice mi padre (no sé hasta que punto es una de sus batallitas) que en cierta ocasión conocí a Graham Greene. Lo que sí es cierto es que a este autor le gustaba viajar de incógnito, tanto que parece ser que se dejó caer por el pueblo de mi familia materna, Caleruega, donde yo solía pasar mis veranos. Claro que a la mayoría del paisanaje le pasó totalmente inadvertido.

La obra cumbre de Greene, o al menos la que le ha hecho pasar a la posteridad, es 'El americano impasible', que conoce también adaptaciones cinematográficas. No he visto la película, pero probablemente, como sucede en estos casos, tienda a magnificar los aspectos con más juego erótico-festivo. Es cierto que 'El americano impasible' es un triángulo amoroso, pero es mucho más. Es una historia de guerra y de los sentimientos más bajos que ella despierta: codicia, traición, cobardía.



En el pasaje que he seleccionado, los dos protagonistas masculinos, el impasible americano Fowler y el visceral británico Pyle hablan sobre el amor y sobre la joven oriental Fuong, a la que ambos desean pero de muy distinta forma, ante la mirada de dos soldados vietnamitas y con la inseguridad de si seguirán vivos la mañana siguiente.

— Si alguien te preguntara cuál fue tu experiencia sexual más intensa, ¿qué contestarías?
Sabía muy bien la respuesta a esa pregunta:
— Una vez que estaba en la cama, por la mañana, y contemplaba a una mujer vestida con una bata colorada, que se cepillaba el cabello.
— Joe dice que para él fue acostarse con una china y una negra al mismo tiempo.
— Yo también habría pensado eso cuando tenía veinte años.
— Joe tiene cincuenta.
— Me pregunto qué edad mental le habrán asignado durante la guerra.
— ¿Era Fuong la muchacha de la bata colorada? Ojalá no me hubiera hecho esa pregunta.
— No —dije—, una mujer que conocí antes. Cuando dejé a mi mujer.
— ¿Qué pasó después?
— La dejé también a ella.
— ¿Por qué?
¿Por qué, realmente?
— Porque cuando amamos somos imbéciles —dije— . Me aterraba la idea de perderla. Me parecía verla cambiar; no sé si realmente cambiaba. Me precipité hacia el final, exactamente como un cobarde se precipita hacia el enemigo y se gana una medalla. Quería terminar de una vez con la muerte.
— ¿La muerte?
— Era una especie de muerte. Luego, me vine al Asia.
— Y encontraste a Fuong.
— Sí
— Pero con Fuong no sientes lo mismo, ¿no es cierto?
— Lo mismo, no. Te diré, la otra me amaba. Yo temía perder el amor. Ahora sólo temo perder a Fuong.

Graham Greene. 'El americano impasible'


Ya eran demasiados meses sin dejarme caer por aquí con una de letras... por supuesto, dejo 'como ejercicio para el lector' averiguar quién de los dos es el americano impasible.

escrito por Ignacio a 12:54 a. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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