martes, julio 05, 2005

Livestrong

Acabaron por fin los exámenes, y como cada verano empiezan las tradiciones de siempre: la vagancia, los programas infumables de televisión, las tardes a la sombra, la piscina, la gente hablando de vacaciones (incluso imaginarias)... y el Tour de Francia. Es tan tradicional el Tour, que lleva 6 años pasando lo mismo, y éste amenaza con ser el séptimo.

No sé por qué me gustó el ciclismo desde pequeño, supongo que como a tanta otra gente de este país se debería a Miguel Induráin, el caso es que durante la primera mitad de los 90 fui un gran seguidor del mundo de la bici. Ya por entonces apareció como estrella en ciernes un tal Lance Armstrong, que ganó un mundial con 22 años en 1993 y del que se supo poco más hasta saber que un cáncer le tenía al borde de la muerte.

Tras un agresivo tratamiento (del que han corrido todo tipo de rumores y sospechas) consiguió recuperarse, y no sólo eso, sino que volvió a montarse en una bici. Eran los años post-Induráin y el ciclismo buscaba un nuevo rey. Así se presentó al Tour del 98, uno de los de pronóstico más incierto de los últimos tiempos, y una caída en los primeros días de Alex Zülle le colocó en una posición privilegiada que supo mantener hasta el final. Era el primero de hasta el momento seis.

Poco a poco Armstrong fue conformando un equipo cada vez mejor y consolidándose como el líder de un pelotón carente de figuras. Pero su vanidad parecía ir creciendo a la par que su palmarés. Lejos de la grandeza de Induráin, que permitía que sus rivales se consolaran ganando etapas y premios secundarios, mientras él esperaba impasible a destrozarles en las contrarrelojs, Armstrong no se conformaba con eso, lo quería todo, al más puro estilo del 'Caníbal' Eddy Merckx.

Todo hasta llegar al extremo de creerse el gran jefe del ciclismo mundial. Al fin y al cabo su equipo es de largo el más poderoso, el que más dinero mueve y el que tiene mejores ciclistas. El año pasado, ofreció la bochornosa imagen de mafioso 'Chicago años 30'. Un ciclista italiano, Simeoni, dijo en público lo que todos los ciclistas dicen en privado: Que Armstrong va hasta las cejas. Este ciclista intentó fugarse con otro grupo de corredores (¡como si no tuviera todo el derecho del mundo!) y el propio Armstrong, en un gesto de soberbia inaudito, se encargó el solito de perseguirlo y decir a sus compañeros de fuga que no les dejaría continuar si seguía Simeoni entre ellos. No le quedó otro remedio al pobre hombre que desistir. (noticia).

Pero ¿cómo no sospechar que va hasta las cejas un tío que pasa de estar al borde de la muerte a dominar de forma insultante uno de los deportes más exigentes físicamente? Es conocida la relación de Armstrong con el doctor italiano Ferrari, que es tristemente célebre por su vinculación con el dopaje. Se le considera responsable de la irrupción de la EPO en el pelotón internacional, al tiempo que ciclistas 'asesorados' por él sorprendían de la noche a la mañana (como aquél ruso que le ganó un giro a Induráin y del que nunca más se supo). Lo que sí se sabe es que Armstrong duerme todos los días en una cámara hiperbárica, que sin ser algo ilegal, desde luego no es muy natural.

Además de todas las sospechas, está la suerte. Se habla muchas veces de la suerte de los campeones, pero lo de este tipo no es normal. La misma suerte que tuvo en su primer Tour con la caída de Zülle la ha ido teniendo año tras año. Si algo pasaba, nunca era a él. En el Tour de 2003, cuando por fin hubo alguien apretándole en serio (Joseba Beloki) se cayó por una cuneta rompiéndose la clavícula. Este año todo parece ser igual. El día antes del prólogo, Jan Ullrich (que ganó el Tour en 1997 y aún sigue dando guerra) sufrió un accidente con un camión. "No sabía que Armstrong también conduciera camiones". Declaración más que elocuente.

A la etapa de ayer, contrarreloj por equipos, llegaba como líder David Zabriskie, con dos segundos de ventaja sobre Armstrong. En el mismo último kilómetro, Zabriskie sufre una caída inexplicable. Su equipo, el CSC, pierde la etapa precisamente por dos segundos. El equipo de Armstrong gana, y él se convierte (de nuevo) en líder. La imagen de Zabriskie llorando, ensangrentado, era la imagen de la impotencia no sólo suya, sino de millones de aficionados al ciclismo que llevamos seis años viendo lo mismo y confiábamos en ver otra cosa. Hasta Dios al séptimo descansó.

escrito por Ignacio a 9:55 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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