viernes, enero 27, 2006

Por siempre Hamás

¿Por qué Hamás ha arrasado en las elecciones de Palestina? Fácil.


Para que el ejército israelí siga protegiéndolos tan bien


Para que los niños puedan seguir jugando tan tranquilos en la calle


Porque les encantan los deportes de riesgo


Por la política de vivienda


Para proteger la sanidad pública


Y por supuesto, por un estupendo paisaje.


¿O qué esperaban? Los palestinos sólo han votado a quien ha levantado la cabeza frente a la humillación. Si Israel quiere aniquilar a Palestina, los palestinos votan a quien quiere aniquilar a Israel. Tiene su (triste) lógica. Sobre todo cuando ese alguien es, aparte de una banda terrorista (que lo es), la única organización capaz de crear escuelas y dar protección social a la población palestina.

Con los asesinatos selectivos, Israel creó mártires. No sólo el jeque Yasin, fundador de Hamás, y otros tantos líderes de esta organización, sino sobre todo las decenas de inocentes que murieron víctimas de la locura asesina de Sharon en estas operaciones. Ya se sabe, la violencia sólo genera violencia. ¿Que me tiras piedras? Yo mando a los tanques. ¿Que me vienes con un atentado suicida? Pues yo te bombardeo 20 casas y mato a sus ocupantes.

¿Qué esperaban...?

escrito por Ignacio a 8:53 p. m.  ..  ver mensaje  ..  0 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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martes, enero 17, 2006

Lo importante es participar

Debatía el lunes en 'clase' de inglés con Christian y cía sobre las 'clases participativas' que parecen estar tan de moda últimamente, al menos en mi facultad. Creo que las clases participativas han surgido al calor de una de las preguntas de la encuesta docente de la UVa, en concreto '¿Fomenta la participación en clase?'. Y deduzco esto porque a los profesores 'participativos' se les escapa alguna que otra vez (cuando todo el mundo se niega a participar, fundamentalmente) aquello de '¿pero vosotros qué entendeis por 'fomenta la participación en clase?'.

Y es que yo tengo la ¿absurda? teoría de que una cosa es fomentar y otra muy distinta forzar, o mejor dicho, intentarlo. Cuando el profesor se empeña en forzar la participación de los alumnos (la gran mayoría de los cuales no tendrán ninguna gana de participar por una larga serie de motivos) sólo se consigue una cosa. Perder tiempo. Tiempo de docencia. Tiempo de aprendizaje. Tiempo en el que el profesor debería estar dando clase en lugar de preguntar de forma machacona y hastiante '¿nadie lo sabe?', '¿nadie quiere salir a hacerlo?', '¿a nadie se le ocurre?', 'a ver, pensadlo un rato y me lo decís'.

Y eso llega a generar cierto clima de ansiedad entre los alumnos, que ven como el profesor 'participativo' pierde tiempo y tiempo cuando apenas quedan un par de semanas para el examen, el cual, como sabemos positivamente, constará única y exclusivamente de problemas. Y si a lo largo del cuatrimestre apenas se han hecho media docena de problemas completos, la cosa es preocupante. Esto se suma a la típica escena del compañero que sale a la pizarra a regañadientes, sin tener ni puta idea (cosa que no es criticable, cada cual se prepara las asignaturas como y cuando le da la gana) causando el cabreo del profesor (él se lo ha buscado) e involuntariamente, de los demás compañeros, que (des)esperan mirando a las musarañas hasta que el profesor da la solución correcta.

Irónicamente, a veces el profesor 'participativo' insinúa, en tono de velada amenaza, que 'a lo mejor' era preferible dar una clase 'rollo' limitándose a copiar en la pizarra el desarrollo de los problemas. Pues desde mi punto de vista (que comparto con bastantes compañeros) es mejor. No es lo ideal, pero es mejor. Mejor porque de este modo, de cara al examen, uno dispone de más material en el que basarse para preparar la asignatura. Y se puede pensar que de esta forma, sí, se dispone de más material, pero menos trabajado en clase. Correcto. Pero es que eso se lo puede preparar perfectamente cada uno en su casa (el que quiera) y luego además los profesores tienen unos horarios oficiales de tutoría que están precisamente para ayudar a la gente que va trabajando la asignatura a lo largo del curso.

Entonces, ¿hay que eliminar la participación de los alumnos en clase? Pues desde mi punto de vista de sufrido estudiante, tampoco se trata de eso. Para empezar, se pueden hacer más participativas, o al menos, más abiertas a la reflexión por parte de los alumnos, las clases de teoría. Porque en muchos casos, el profesor 'participativo' a la hora de hacer problemas, en las clases teóricas es una insufrible máquina de copiar-dictar-borrar que hace absolutamente imposible tomar apuntes si se atiende a la explicación o atender a la explicación si se toman apuntes.

Por otro lado, si se pretende hacer participar a los alumnos en las clases de problemas, primero necesitamos una base a la que agarrarnos: primero habrá que dedicar un par de clases para que el profesor explique problemas resueltos sin más, y a partir de esos ejemplos, nosotros podremos trabajar, y luego participar. Porque seamos serios, en ciencias e ingenierías, el 90% de las asignaturas no se preparan estudiando la teoría (cosa que parece que no les entra en la cabeza a muchos profesores) sino haciendo problemas y problemas, que son la aplicación práctica y real de dicha teoría, y que al fin y al cabo es lo que se exigirá en el examen. En mi modesta opinión, en muchas asignaturas sería más práctico dedicar el 25% a la teoría y el 75% de problemas (que es lo que se hace en las academias) y no al revés (que es lo que se hace en las facultades).

Y a la hora de hacer experimentos, pues con gaseosa. No está mal dedicar a lo largo del cuatrimestre un par de sesiones a debatir en común diversos casos de estudio, para hacernos pensar un poco en cómo hacer frente a los problemas reales. De hecho, es algo positivo. Pero no se puede convertir una asignatura en una sucesión de experimentos docentes. Que no nos pagan por hacer de cobayas. Más bien al contrario, somos nosotros los que pagamos una matrícula. Y, seamos pragmáticos, nuestro objetivo es básicamente aprobar. Y con eso no se juega.

Así que cuando tengo que hacer las encuestas docentes y contestar a la pregunta de '¿Fomenta la participación en clase?', pienso en el significado de 'fomentar'. para mí, eso significa que el profesor consigue que te entren ganas de participar en la clase. Y un tío que se tira el 50% del tiempo rayando con que participemos, de lo único que me da ganas es de irme a mi casita a echar un poco siesta. Y eso de fomentar no tiene nada.

[Escuchando: Porretas - Jodido futuro]

escrito por Ignacio a 10:48 p. m.  ..  ver mensaje  ..  1 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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domingo, enero 08, 2006

El ocaso del carnicero

La retirada de escena de Ariel Sharon es observada con incertidumbre de cara al 'proceso de paz'. Qué irónico. Nunca le gustó demasiado la paz a este viejo 'halcón'. No hay que remontarse mucho, poco más de cinco años, para recordar uno de los paseos más célebres de este individuo. Su visita a la explanada de las mezquitas, lugar santo para los musulmanes, en apoyo de un grupo radical israelí que pretendía alzar allí un templo, encendió la mecha de la segunda Intifada, que sigue en pie y ha causado desde entonces miles de muertos, la mayoría civiles palestinos víctimas de la dura represión del ejército israelí.

Pero en realidad esto no es más que una anécdota dentro de la larga trayectoria violenta de Sharon, que empezó con 14 años, al alistarse en el movimiento terrorista judío Haganah, que luchaba contra los palestinos para la creación de un estado israelí. Con 20 entró en el ejército, durante la guerra de independencia israelí (o Al Nakba, 'el Desastre', para los palestinos). Se retiró al cabo de tres años, en 1951, pero por desgracia, regresó a la carrera militar en 1953.

Es en ese año cuando Sharon dirige (perpetra) una terrible y escalofriante matanza. Al mando de la brigada 101, cuya misión era ejercer represalias sobre los palestinos, Sharon fija sus ojos, quizá al azar, en la pequeña aldea de Qibya. Según el historiador hebreo Avi Shlaim, "Las órdenes de Sharon consistían en penetrar en Qibya, dinamitar las casas e infligir un elevado número de bajas a sus habitantes". Lo consiguió. Sharon ordenó dinamitar las casas con sus inquilinos dentro. El resultado fue de 69 asesinatos en total, dos tercios de las víctimas eran mujeres y niños. Según la información enviada al consejo de seguridad de la ONU por Jordania (bajo cuya soberanía estaba entonces Cisjordania), las víctimas fueron ejecutadas con armas automáticas antes de las demoliciones, lo cual echa por tierra la versión de Sharon, quien aseguró pensar que la población había huido del lugar.

A pesar de las presiones internacionales, Sharon no fue castigado, sino puesto al mando de otra brigada, la 202, en la que se integró la 101, responsable de la masacre de Qibya. En la guerra de Suez, en 1956, Sharon envía una tropa de reconocimiento al Paso de Mitla, con la prohibición expresa de tomarlo. La presencia de esta tropa, sin embargo, provocó el ataque egipcio y el paso fue tomado, en uno de los episodios más sangrientos de dicha guerra. El elevado número de bajas israelíes, en una operación innecesaria, frenó su ascenso dentro del Ejército durante algunos años.

Su siguiente aparición en combate acaece en la Guerra de los Seis Días (1969), en la que desempeña un importante papel al mando de una de las divisiones israelíes en el Sinaí. Tras esta guerra su posición en el Ejército quedó reforzada, aunque finalmente no accedió al cargo de jefe del Estado Mayor, ya que era considerado (con buen criterio) un extremista. Ante su imposibilidad para ascender a la cumbre de las fuerzas armadas, Sharon entra en política y es elegido diputado por el partido conservador Likud, lo cual no significó el fin de su carrera militar.

En 1973 Sharon es llamado a filas de nuevo, para combatir en la guerra del Yom Kippur al frente de una división de tanques en la reserva. Desobedeciendo órdenes, atacó a los egipcios y cortó sus líneas de suministro. Por ello se enfrentó a un consejo de guerra, que no le impuso ningún castigo ya que juzgó que militarmente el resultado fue satisfactorio. Su extremismo y sus constantes insubordinaciones le forzaron después a renunciar a la jefatura del Ejército y a su escaño. Funda entonces un partido político, que no tiene mucho éxito, aunque años después vuelve a la política como ministro.

En 1979, a raíz de un atentado, Israel decide invadir Líbano, para echar a los refugiados palestinos de dicho país (no contentos con haberlos echado ya de sus casas en la propia Palestina ocupada por los israelíes). Tras la intervención de la ONU y la retirada (parcial) de Israel, Sharon accede al ministerio de Defensa, ordenando en 1982 una nueva invasión de Líbano, con un duro asedio por tierra, mar y aire a Beirut que causó miles de muertos. Una vez que Israel forzó a la OLP (Organización para la Liberación de Palestina, presidida por Arafat entonces) a abandonar Beirut, Sharon se reúne, el 15 de septiembre de 1982, con representantes de las Fuerzas Libanesas, o Falange cristiana libanesa.

A continuación, sobrevino el terror. Aunque no se sabe cuales fueron los pactos de Sharon con los falangistas libaneses, el caso es que el ejército israelí, encargado de la protección de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila (a las afueras de Beirut), permite la entrada de los falangistas a dichos campos. La salvaje y atroz carnicería se prolongó 38 largas horas, en las que miles de palestinos desarmados (3500 según las investigaciones del periodista israelí Amnon Kapeliouk) fueron asesinados a sangre fría. El ejército israelí no sólo no evitó semejante masacre, sino que no se presentó allí hasta que hubo finalizado.

Los hechos llegaron a conmocionar al pueblo israelí. Sharon fue encontrado 'responsable indirecto' de la matanza por no haber tomado las medidas necesarias para evitarla en su condición de ministro de Defensa. Su castigo se quedó en el cese de dicho cargo. Ni siquiera salió del gobierno, continuó como ministro hasta 1992, año en el que Isaac Rabin accede a la presidencia del gobierno israelí (inaugurándose entonces la única etapa con expectativas reales de una paz justa para Palestina, truncada con el asesinato de Rabin por un judío radical).

Sharon vuelve al gobierno en 1996, de nuevo con el Likud, siendo su intervención más 'estelar' la visita a la explanada de las mezquitas de Jerusalén (lugar sagrado para el Islam) el 28 de septiembre de 2000. Tal provocación incendió los ánimos de la población palestina e hizo estallar la Intifada de Al-Aqsa, que actualmente sigue en curso. Es cierto que la visita de Sharon no fue la responsable directa de una Intifada que venía tiempo cocinándose, pero fue una provocación gratuita e innecesaria en un momento muy delicado. La gota que colmó el vaso. Se iniciaron ese mismo día revueltas palestinas duramente reprimidas por Israel. Dos días después de la visita de Sharon, el vídeo de un padre sosteniendo a su hijo de 12 años mientras los israelíes lo asesinan a tiros da la vuelta al mundo.

En marzo de 2001 Sharon es elegido primer ministro, lo que echó por tierra las (escasas) posibilidades de paz, dada la trayectoria radical de Sharon. La represión de los palestinos durante su gobierno ha sido férrea. Sharon ha generalizado el concepto de 'asesinato selectivo', que supone el bombardeo de viviendas palestinas donde se sospecha que puede haber terroristas palestinos. Cientos de civiles desarmados, muchos de ellos niños, han muerto en estas acciones. El ejército israelí ha impuesto además unas abusivas medidas de seguridad que impiden el paso incluso a las ambulancias palestinas (lo cual ha provocado también decenas de muertes) y ha cortado toda posibilidad de expansión de la economía palestina, sumiéndola en unos niveles de miseria que han sido el caldo de cultivo ideal para organizaciones como Hamás, que además de ser tristemente famosa por sus actividades violentas, tiene una completa red de asistencia social que se encarga de alimentar a miles de familias palestinas.

Sharon se ha hecho tristemente famoso además por la construcción del famoso muro. Tan ominoso como el Muro de la Vergüenza de Berlín, pero de unas dimensiones tan faraónicas que pretende aislar dentro de él a todos los palestinos, enjaulándolos en un territorio menguado, ya que los planes de Sharon son (o eran) anexionarse buena parte de los territorios palestinos, ocupados mediante asentamientos judíos declarados ilegales por la ONU. Su postura pareció ablandarse, sin embargo, frente a Gaza, una pequeña franja costera donde se hacinan más de un millón de palestinos en condiciones de extrema pobreza. El ejército israelí los mantenia 'encarcelados' allí (no se permitía su salida de la franja, salvo para trabajar, y en ocasiones ni eso). Ni siquiera podían los palestinos disfrutar del mar, ya que las playas estaban custodiadas por Israel. La 'desconexión' de Gaza ha supuesto sin embargo un espaldarazo a la política de colonización (y contrucción del muro) en Cisjordania.

Y esta es la situación a enero de 2006, momento en que la figura de Sharon queda definitivamente eclipsada por razones biológicas. No pretendía hablar del conflicto entre Israel y Palestina. Está claro que apoyo la legalidad internacional, que exige desde los años 70 la desocupación de Gaza y Cisjordania y la creación del estado de Palestina, pero aquí se trataba sencillamente de trazar una breve perspectiva sobre la figura de este hombre, Ariel Sharon, a quien ahora se pretende venerar como una figura clave y difícilmente sustituible en el proceso de paz. Y es que esta persona debería estar ante un tribunal internacional, como el criminal de guerra que es (no menos que el muy buscado serbio Radovan Karadzic), y desgraciadamente, morirá no sólo sin haber pagado sus culpas, sino sin que ni siquiera nadie se lo haya exigido.

Hay muchos apelativos para calificar a este siniestro personaje, a la vista de su trayectoria. Muchos descansan en paz por su culpa. Ahora le toca a él. Al carnicero de Qibya, de Sabra y Chatila y de quién sabe cuántos otros lugares. Ojalá que con él muera además una negra etapa de represión y exterminio del pueblo palestino y se inaugure otra de paz, convivencia y mutuo respeto. Para eso, hay que superar el pasado.

[Escuchando: Ska-P - Intifada]

escrito por Ignacio a 6:55 p. m.  ..  ver mensaje  ..  3 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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lunes, enero 02, 2006

Año nuevo, patada en los...

No termino el título para no herir sensibilidades en horario infantil, pero os lo imáginais. Si, otro año más. Otro año más viejos. Otro año que pasa lleno de expectativas de hacer grandes cosas que seguramente tendrán que esperar otro año, y otro, y otro, 'ad infinitum'. Mi entrada en el 2006 no ha sido muy halagüeña, después de una nochevieja mediocre (si alguien me dice el año que viene que si me apunto en nochevieja a escardar cebollinos en el quinto carajo, mi respuesta será sí) y la terrible resaca de año nuevo, que es otra tradición infalible. Y yo que pensaba que empeorar 2005 iba a estar difícil, pues vaya comienzo...



Pero seamos optimistas, al fin y al cabo, que hay que recomponerse y salir adelante. No es el momento de oír 'Dust in the Wind' sino 'P'aquí, p'allá', para filosofar y 'Start me up' para recargar la batería. Eso como mínimo. Y en cierto modo al menos durante las últimas semanas de 2005 se empezaron a alejar algunos de los fantasmas que me habían ido acompañando durante todo el año.

Para todos vosotros, pasad un feliz año. Eso supone que debo desearos salud, amor y dinero, que puede sonar a tópico, pero seguro que si tenéis esas tres cosas estaréis bastante más cerca de la felicidad que sin ellas. Vivimos en un mundo egoísta y materialista, qué le voy a hacer, yo no le he inventado...



Y no os empeñéis en hacer balance de 2005, que podéis acabar como yo. Que no vale para nada, aparte de para descubrir todas las promesas incumplidas. La primera mía de este 2006 es haceros más caso, que aunque sois pocos, yo sé que de vez en cuando os gusta asomaros a las divagaciones de mi mente perturbada.

Hablando de propósitos, los fumadores seguro que tienen el propósito de dejar de serlo, por imperativo legal más que nada: no estáis solos. Se está preparando una similar contra el alcohol. Y como he fracasado en todos mis intentos de acotar la cantidad de CH2OH que puede entrar por mi boca, no lo veré con malos ojos. Que me estoy haciendo viejo y ya empiezo a razonar...

Necesito un lifting mental, definitivamente. Creo que me estoy empezando a tomar las cosas demasiado en serio. Y eso no puede ser bueno.

[Escuchando: Simple Plan - Shut up]

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