domingo, enero 08, 2006

El ocaso del carnicero

La retirada de escena de Ariel Sharon es observada con incertidumbre de cara al 'proceso de paz'. Qué irónico. Nunca le gustó demasiado la paz a este viejo 'halcón'. No hay que remontarse mucho, poco más de cinco años, para recordar uno de los paseos más célebres de este individuo. Su visita a la explanada de las mezquitas, lugar santo para los musulmanes, en apoyo de un grupo radical israelí que pretendía alzar allí un templo, encendió la mecha de la segunda Intifada, que sigue en pie y ha causado desde entonces miles de muertos, la mayoría civiles palestinos víctimas de la dura represión del ejército israelí.

Pero en realidad esto no es más que una anécdota dentro de la larga trayectoria violenta de Sharon, que empezó con 14 años, al alistarse en el movimiento terrorista judío Haganah, que luchaba contra los palestinos para la creación de un estado israelí. Con 20 entró en el ejército, durante la guerra de independencia israelí (o Al Nakba, 'el Desastre', para los palestinos). Se retiró al cabo de tres años, en 1951, pero por desgracia, regresó a la carrera militar en 1953.

Es en ese año cuando Sharon dirige (perpetra) una terrible y escalofriante matanza. Al mando de la brigada 101, cuya misión era ejercer represalias sobre los palestinos, Sharon fija sus ojos, quizá al azar, en la pequeña aldea de Qibya. Según el historiador hebreo Avi Shlaim, "Las órdenes de Sharon consistían en penetrar en Qibya, dinamitar las casas e infligir un elevado número de bajas a sus habitantes". Lo consiguió. Sharon ordenó dinamitar las casas con sus inquilinos dentro. El resultado fue de 69 asesinatos en total, dos tercios de las víctimas eran mujeres y niños. Según la información enviada al consejo de seguridad de la ONU por Jordania (bajo cuya soberanía estaba entonces Cisjordania), las víctimas fueron ejecutadas con armas automáticas antes de las demoliciones, lo cual echa por tierra la versión de Sharon, quien aseguró pensar que la población había huido del lugar.

A pesar de las presiones internacionales, Sharon no fue castigado, sino puesto al mando de otra brigada, la 202, en la que se integró la 101, responsable de la masacre de Qibya. En la guerra de Suez, en 1956, Sharon envía una tropa de reconocimiento al Paso de Mitla, con la prohibición expresa de tomarlo. La presencia de esta tropa, sin embargo, provocó el ataque egipcio y el paso fue tomado, en uno de los episodios más sangrientos de dicha guerra. El elevado número de bajas israelíes, en una operación innecesaria, frenó su ascenso dentro del Ejército durante algunos años.

Su siguiente aparición en combate acaece en la Guerra de los Seis Días (1969), en la que desempeña un importante papel al mando de una de las divisiones israelíes en el Sinaí. Tras esta guerra su posición en el Ejército quedó reforzada, aunque finalmente no accedió al cargo de jefe del Estado Mayor, ya que era considerado (con buen criterio) un extremista. Ante su imposibilidad para ascender a la cumbre de las fuerzas armadas, Sharon entra en política y es elegido diputado por el partido conservador Likud, lo cual no significó el fin de su carrera militar.

En 1973 Sharon es llamado a filas de nuevo, para combatir en la guerra del Yom Kippur al frente de una división de tanques en la reserva. Desobedeciendo órdenes, atacó a los egipcios y cortó sus líneas de suministro. Por ello se enfrentó a un consejo de guerra, que no le impuso ningún castigo ya que juzgó que militarmente el resultado fue satisfactorio. Su extremismo y sus constantes insubordinaciones le forzaron después a renunciar a la jefatura del Ejército y a su escaño. Funda entonces un partido político, que no tiene mucho éxito, aunque años después vuelve a la política como ministro.

En 1979, a raíz de un atentado, Israel decide invadir Líbano, para echar a los refugiados palestinos de dicho país (no contentos con haberlos echado ya de sus casas en la propia Palestina ocupada por los israelíes). Tras la intervención de la ONU y la retirada (parcial) de Israel, Sharon accede al ministerio de Defensa, ordenando en 1982 una nueva invasión de Líbano, con un duro asedio por tierra, mar y aire a Beirut que causó miles de muertos. Una vez que Israel forzó a la OLP (Organización para la Liberación de Palestina, presidida por Arafat entonces) a abandonar Beirut, Sharon se reúne, el 15 de septiembre de 1982, con representantes de las Fuerzas Libanesas, o Falange cristiana libanesa.

A continuación, sobrevino el terror. Aunque no se sabe cuales fueron los pactos de Sharon con los falangistas libaneses, el caso es que el ejército israelí, encargado de la protección de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila (a las afueras de Beirut), permite la entrada de los falangistas a dichos campos. La salvaje y atroz carnicería se prolongó 38 largas horas, en las que miles de palestinos desarmados (3500 según las investigaciones del periodista israelí Amnon Kapeliouk) fueron asesinados a sangre fría. El ejército israelí no sólo no evitó semejante masacre, sino que no se presentó allí hasta que hubo finalizado.

Los hechos llegaron a conmocionar al pueblo israelí. Sharon fue encontrado 'responsable indirecto' de la matanza por no haber tomado las medidas necesarias para evitarla en su condición de ministro de Defensa. Su castigo se quedó en el cese de dicho cargo. Ni siquiera salió del gobierno, continuó como ministro hasta 1992, año en el que Isaac Rabin accede a la presidencia del gobierno israelí (inaugurándose entonces la única etapa con expectativas reales de una paz justa para Palestina, truncada con el asesinato de Rabin por un judío radical).

Sharon vuelve al gobierno en 1996, de nuevo con el Likud, siendo su intervención más 'estelar' la visita a la explanada de las mezquitas de Jerusalén (lugar sagrado para el Islam) el 28 de septiembre de 2000. Tal provocación incendió los ánimos de la población palestina e hizo estallar la Intifada de Al-Aqsa, que actualmente sigue en curso. Es cierto que la visita de Sharon no fue la responsable directa de una Intifada que venía tiempo cocinándose, pero fue una provocación gratuita e innecesaria en un momento muy delicado. La gota que colmó el vaso. Se iniciaron ese mismo día revueltas palestinas duramente reprimidas por Israel. Dos días después de la visita de Sharon, el vídeo de un padre sosteniendo a su hijo de 12 años mientras los israelíes lo asesinan a tiros da la vuelta al mundo.

En marzo de 2001 Sharon es elegido primer ministro, lo que echó por tierra las (escasas) posibilidades de paz, dada la trayectoria radical de Sharon. La represión de los palestinos durante su gobierno ha sido férrea. Sharon ha generalizado el concepto de 'asesinato selectivo', que supone el bombardeo de viviendas palestinas donde se sospecha que puede haber terroristas palestinos. Cientos de civiles desarmados, muchos de ellos niños, han muerto en estas acciones. El ejército israelí ha impuesto además unas abusivas medidas de seguridad que impiden el paso incluso a las ambulancias palestinas (lo cual ha provocado también decenas de muertes) y ha cortado toda posibilidad de expansión de la economía palestina, sumiéndola en unos niveles de miseria que han sido el caldo de cultivo ideal para organizaciones como Hamás, que además de ser tristemente famosa por sus actividades violentas, tiene una completa red de asistencia social que se encarga de alimentar a miles de familias palestinas.

Sharon se ha hecho tristemente famoso además por la construcción del famoso muro. Tan ominoso como el Muro de la Vergüenza de Berlín, pero de unas dimensiones tan faraónicas que pretende aislar dentro de él a todos los palestinos, enjaulándolos en un territorio menguado, ya que los planes de Sharon son (o eran) anexionarse buena parte de los territorios palestinos, ocupados mediante asentamientos judíos declarados ilegales por la ONU. Su postura pareció ablandarse, sin embargo, frente a Gaza, una pequeña franja costera donde se hacinan más de un millón de palestinos en condiciones de extrema pobreza. El ejército israelí los mantenia 'encarcelados' allí (no se permitía su salida de la franja, salvo para trabajar, y en ocasiones ni eso). Ni siquiera podían los palestinos disfrutar del mar, ya que las playas estaban custodiadas por Israel. La 'desconexión' de Gaza ha supuesto sin embargo un espaldarazo a la política de colonización (y contrucción del muro) en Cisjordania.

Y esta es la situación a enero de 2006, momento en que la figura de Sharon queda definitivamente eclipsada por razones biológicas. No pretendía hablar del conflicto entre Israel y Palestina. Está claro que apoyo la legalidad internacional, que exige desde los años 70 la desocupación de Gaza y Cisjordania y la creación del estado de Palestina, pero aquí se trataba sencillamente de trazar una breve perspectiva sobre la figura de este hombre, Ariel Sharon, a quien ahora se pretende venerar como una figura clave y difícilmente sustituible en el proceso de paz. Y es que esta persona debería estar ante un tribunal internacional, como el criminal de guerra que es (no menos que el muy buscado serbio Radovan Karadzic), y desgraciadamente, morirá no sólo sin haber pagado sus culpas, sino sin que ni siquiera nadie se lo haya exigido.

Hay muchos apelativos para calificar a este siniestro personaje, a la vista de su trayectoria. Muchos descansan en paz por su culpa. Ahora le toca a él. Al carnicero de Qibya, de Sabra y Chatila y de quién sabe cuántos otros lugares. Ojalá que con él muera además una negra etapa de represión y exterminio del pueblo palestino y se inaugure otra de paz, convivencia y mutuo respeto. Para eso, hay que superar el pasado.

[Escuchando: Ska-P - Intifada]

escrito por Ignacio a 6:55 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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3 comentarios:

Blogger Sphinx escribió...

No suelo alegrarme de la muerte de nadie salvo en casos excepcionales. Cuando muere un etarra, cuando se inmolaron los autores del 11M o este son algunos de esos casos.

Con este señor cualquier atisbo de paz en oriente medio era una utopía, sin olvidarnos a los palestinos radicales que por una u otra razón (no entro en cuales) tampoco hacen mucho ni dan su brazo a torcer por lograr un acuerdo, por tanto la salida de Sharon de la escena politica es cuando menos una pequeña esperanza para la paz.

1/10/2006 5:08 p. m.  

Blogger Ignacio escribió...

Yo en realidad no me alegro (ni me entristezco, desde luego, me produce absoluta indiferencia) de la muerte de este individuo, me alegro porque su salida puede suponer (por desgracia, no 'va' a suponer, solo 'puede' suponer) cierta esperanza de paz en la zona. No era posible la paz cuando el lider israelí era responsable de tales masacres y había reprimido a los palestinos con dureza siempre que había podido. Quizá con su salida de escena podamos olvidar para siempre el muro de la vergüenza, los asesinatos selectivos y demás.

Un saludo y suerte para los exámenes.

1/10/2006 10:03 p. m.  

Blogger Vynith escribió...

No creo que la desaparición de Sharon cambie demasiado las cosas. También cuando murió Arafat se dijo que se abría una nueva esperanza para la paz, y seguimos igual, quizás peor si los radicales de Hamas ganan las elecciones palestinas. De momento la esperanza es que los sucesores de Sharon (Olmert y compañía) sigan desmantelando las colonias y vuelvan a las fronteras previas a la guerra de los Seis Días.

Sin embargo, es necesario que después de esto los palestinos también moderen sus ideas y cedan. Puede que Israel haya cometido muchas masacres, pero los palestinos tampoco han puesto mucho de su parte. Recordemos que la segunda intifada, aunque comenzó con la visita de Sharon a la explanada de las mezquitas, en realidad se fraguó cuando Arafat rechazó una buena oferta de Barak para desmantelar colonias en la cumbre de Camp David de 2000.

1/12/2006 9:26 p. m.  

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