sábado, febrero 24, 2007

-20 grados al sol

Eso es lo que hacía el miércoles por la mañana mientras paseaba sobre el mar báltico congelado en Helsinki. Vamos, lo que se dice frío, pero de verdad, no como aquí, que en cuanto se acerca a cero la temperatura sale en los telediarios...

De Finlandia lo que puedo decir es que mi primera impresión fue bastante mala, tras mi aventura en el mítico ferry de los borrachos que une Tallinn con Helsinki, repleto de fineses que volvían de haberse mamado en la capital de Estonia. Resulta cómico ver a personas de apariencia respetable comprando como locos litros y litros de cerveza y vino en el supermercado del barco, y tomándose copazos también como locos en el bar karaoke del mismo. Uno de los países más desarrollados de Europa... ya ves.

Eso sí, en algunas cosas tenemos bastante que aprender de los finlandeses, donde el gobierno paga una cuota mensual de 400 euros a los estudiantes universitarios. Eso sumado a que el precio de los alquileres es más barato que en España, y especialmente para universitarios, gracias a los convenios, hace que todo el mundo se pueda independizar a los 18, y que además, sea relativamente fácil hacerlo. (Que los alquileres en Finlandia sean más baratos que en España, siendo los sueldos finlandeses tan superiores a los españoles, es otra cosa que deberíamos plantearnos).

De Helsinki marché en autobús a Tampere, y allí conseguí coger un autobús para el aeropuerto, eso sí, después de casi convertirme en sorbete, esperando más de media hora con esas temperaturas. El aeropuerto de Tampere es el más cutre que he visto en mi vida, y ya es decir. La cola de facturación ni siquiera tiene pantallas de video mostrando el vuelo, sino que lo hacen con paneles de madera, y después de facturar, tienes que llevar tu solito la maleta a la rampa, con un par. Eso sí, en la cafetería, 9 euros por un panini y un refresco... ¡están locos estos finlandeses!

De Tampere volé a mi "amado" aeropuerto de Stansted. La verdad, es que cada vez me da más asco Reino Unido. No conozco ningún país (y he estado en unos cuantos) que se empeñe en ser tan desagradable con quienes les visitan. Realizan un gran esfuerzo para que el viajero se sienta una mezcla entre presunto terrorista y cabeza de ganado. Absurdos retrasos en el control de pasaportes (con las inevitables aglomeraciones), revisiones arbitrarias de mochilas (para comprobar, como en mi caso, que sólo llevaba el saco de dormir, el cargador del móvil y tabletas de chocolate)... hasta a quitarte los zapatos, te obligan.

Pasar la noche en un aeropuerto es desde luego una experiencia, y más en *ése*. Los grifos de los baños dan agua caliente (cual macrodiscoteca pastillera) para obligarte a comprar botellines de agua en las tiendas, las sillas son extremadamente incómodas, e incluso te puedes encontrar con que un guardia de seguridad te despierte a mitad de la noche y te obligue a cambiar de sitio sin motivo aparente. Al menos tuve la compañía de una chica finesa que conocí en el vuelo desde Tampere y que también iba la mañana siguiente a España.

Otro tema es la norma esta de los líquidos en el equipaje de mano. Resulta que sólo se pueden llevar en recipientes de máximo 100 ml y en una bolsa transparente... ¿de verdad alguien con medio dedo de frente cree que eso incrementa la seguridad? Cualquier día nos dirán que 'por motivos de seguridad' no se pueden llevar objetos de color verde, o subir a bordo con jersey de lana, y acabaremos tragando. La estupidez de la norma se comprueba con el hecho de que tras pasar el control cualquiera pueda comprar una botella de cristal de litro de orujo y subirla a bordo. (El orujo es inflamable, y una botella de cristal desde luego puede ser usada como arma).

En realidad, este tipo de medidas sólo tienen como objetivo amedrentar a la gente, hacernos creer que esa amenaza terrorista de la que hablan de verdad existe, para poder imponer todo tipo de medidas absurdas y arbitrarias como estas. Los beneficiados colaterales son las tiendas de los aeropuertos (que estaban de capa caída tras la supresión del 'duty free' dentro de la UE) y las aerolíneas, que compensan parte de la bajada de precios de los billetes con la venta de bebidas a bordo.

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Un rincón de Tallinn

Pero me estoy desviando de lo que es el viaje, y su motivo principal, que era visitar Estonia, o mejor dicho, su capital, Tallinn, porque no ha habido tiempo para más. El centro medieval de Tallinn es precioso, y merece la pena una visita. Conserva el sabor medieval de los antiguos marineros y comerciantes germánicos de la Liga Hanseática, de la que Tallinn formó parte siglos atrás. Los candiles de fuego a la entrada de los mesones (al más puro estilo medieval), las casas de colores en las empinadas calles adoquinadas, los rincones llenos de encanto en los alrededores de la muralla... hasta descubrimientos insólitos, como el puestecillo de almendras garrapiñadas (sí, almendras garrapiñadas) recién hechas a la puerta del Olde Hansa.

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Tallinn bajo la nieve

Por lo demás, Estonia es un país que disfruta del mejor momento de su historia. Tras recobrar su independencia (parece que esta vez es la buena) hace 16 años, Estonia comenzó un proceso de transformación con el objetivo de alejarse de la órbita rusa y acercarse a los países nórdicos hasta ser uno más de ellos, aprovechando los lazos históricos y culturales especialmente con Finlandia (país al que además está geográficamente muy próximo). Camina hacia la plena integración en Europa (aunque se llevaron un chasco al no poder integrarse en el Euro este año, como esperaban) y aunque aún se nota el 'sabor' de la antigua Europa del este, se trata del país más desarrollado y 'occidentalizado' de la antigua URSS.

Por lo demás, y para quienes aún no se sitúan, Estonia es uno de los países más desarrollados de Europa tecnológicamente (es decir, bastante más que España). Todo el mundo usa Internet, el parking se paga desde el teléfono móvil y el DNI es una tarjeta que sirve como bonobús o para votar electrónicamente desde casa, entre otras. El mayor centro mundial de Skype se encuentra en Tallinn, además. Por cierto, hoy precisamente hace 89 años de la independencia de Estonia, truncada poco después por la ocupación soviética y recuperada tras la Revolución de las Canciones (libre traducción de 'singing revolution'), masiva demostración pacífica en Estonia, Letonia y Lituania reclamando la independencia a través de festivales de canciones tradicionales e himnos patrióticos.

[Escuchando: Fool's Garden – Lemon Tree]

PS: No está mal:

[mapa].

En marzo, suma y sigue: Holanda.

escrito por Ignacio a 6:10 p. m.  ..  ver mensaje  ..  0 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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miércoles, febrero 14, 2007

Reflexiones aleatorias

En los albores de la tempestad, es decir, en la víspera de concluir mis exámenes de febrero, he recorrido el camino que separa el Aulario Campus Esgueva de mi amada ETSI de telecomunicación para compartir con vosotros algunos pensamientos desordenados que me vienen a la cabeza ahora mismo.

Uno. Me revienta la lógica estúpida que rige los ascensores de mi facultad y que acostumbra a llevarte de la planta baja al segundo piso pasando por el sótano (?). Me revienta la gente que toca los bongos cerca de donde yo estudio intento estudiar (y encima no están vestidos de rana). Me revienta tener que pasar una prueba varias pruebas al año donde demuestro saber de memoria gilipolleces inútiles para que me den un papel después de cinco años (o los que toquen). Me revienta que el aliento a café del que tengo enfrente llegue a mis fosas nasales. Me revientan las tías buenas magreando a tíos con cara de gilipollas (pero de estos que piensas "si es que tendría que estar prohibido nacer con esa cara de gilipollas"). Me revienta la gente que se guía por lo que dicen las encuestas, incluidos profesores (y ya hablaré de esto con más calma y la mente algo más fría). Me revienta tanto hijo de puta suelto.

Dos. A pesar de todo, hoy se ha colado el sol entre un jirón de nube por la única ventana que estaba completamente abierta, y me ha dado en toda la cara. A mí. Sólo a mí. En una sala con unas doscientas personas estudiando, seguramente igual de puteados que yo y con las mismas ganas de matar a alguien (o incluso más). Soy el Iluminado.

Tres. ¿¿Qué San Valentín ni qué pollas??. Hoy es el día de San Cirilo y San Metodio, oriundos de mi querida Thessaloniki e inventores (dice la leyenda) del alfabeto cirílico, para transcribir la biblia a los eslavos. Y fue un trabajo serio, desde luego, el alfabeto cirílico serbio tiene letras distintas para los sonidos che, she, shche, tche, zhe, dzhe, tse y dje. Eso es afinar.

Cuatro. En poco más de 24 horas estaré de camino a Tallinn. Qué ganas de perder esta rutina de vista.

[Escuchando: Tanel Padar & The Sun – Welcome to Estonia]

escrito por Ignacio a 12:19 p. m.  ..  ver mensaje  ..  3 comentarios  ..  trackbacks  ..   .. 

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