viernes, julio 27, 2007

Colección de postales

Por si os andabais preguntando dónde ando... no he parado desde el 1 de julio, coleccionando postales de Europa. Desde el 1 de julio hasta la medianoche del 17 al 18, estuve en Cracovia, disfrutando como nunca con un grupo internacional de depravados, poniendo a prueba los límites de la tolerancia humana al alcohol etílico. Hubo muchos momentos inolvidables allí. Cómo olvidar, por ejemplo, la fiesta en travía por las calles del centro de la ciudad? Las caras de la gente que veían pasar nuestro tranvía, con la música a tope, botellas de licor casero y la gente bailando y haciendo el subnormal, sencillamente no tenían precio. Sobre el licor casero, la receta es bien sencilla: se toma un tercio de alcohol puro y se mezcla con dos tercios de agua caliente en los que se han disuelto caramelos, al gusto del consumidor. El problema es que el alcohol puro no se puede conseguir en España (no, el de las farmacias no vale, aunque es etílico, tiene ciertos aditivos que no lo hacen digamos 'recomendable' para el consumo).

Es lo malo de Polonia, que la cerveza es demasiado barata y la gente está demasiado aficionada a ella... :). Por lo demás, la experiencia de participar en un curso de verano desde la organización (que es lo que estaba haciendo yo por allí) es más que interesante, después de haber vivido la misma historia unas cuantas veces desde el otro lado de la barrera (es decir, como participante). Mis capacidades como fregaplatos fueron puestas a prueba con sartenes "anti-antiadherentes" repletas de apestosa (literalmente) y pegajosa comida polaca, reseca de días. Prueba superada. Otra gran experiencia fue la de liderar un Cantus, algo con lo que había soñado desde la primera vez que estuve en uno (fue en Exilles, en medio de los Alpes italianos, allá por diciembre de 2005). Y todo ello, en un albergue rural en medio de los Cárpatos, al lado de la frontera con Eslovaquia.

Más cosillas de Polonia... Cracovia es una ciudad que realmente merece la pena visitar, tanto de día como de noche. Una pena que el centro de la ciudad sea cada vez menos auténtico y cada vez más un centro comercial para turistas. Pero el castillo de Wawel o la plaza del Mercado son lugares que definitivamente hay que tener en la "colección de postales" particular. Además tuvimos la ocasión de visitar Auschwitz. No impresiona tanto como dicen, si se sabe mantener las distancias... no te van a contar allí nada que ya no sepas. Es simplemente el hecho de estar en el lugar del crimen. (Nota: en realidad, los que tenían la "suerte" de estar en Auschwitz eran unos afortunados. Las condiciones eran bastante mejores que en el contiguo y enorme campo de Birkenau).

De Polonia decidí moverme hasta Atenas (25 euros vuelo directo con SkyEurope). Ya son unas cuantas veces en Atenas (si contamos las veces que he estado de pasada, esta era la quinta ocasión), así que nada de turismo, simplemente relax. Aunque sólo un día tuvimos la oportunidad de visitar las playas de Glyfada, fueron 4 días de lujo en Grecia, reencontrándome con muchos amigos, y la mayoría, de forma inesperada. Qué tendrá Grecia, que todo el mundo pasa por allí en cuanto puede... Después de 17 días de comida polaca destroza-estómagos, casi se me saltaban las lágrimas al volver a probar carne de cordero, ensaladitas, queso feta y demás.

De Atenas, rumbo a Belgrado. 25 horas de viaje, con una parada de 3 horas en Salónica. En el tramo de Salónica a Belgrado tuve la oportunidad de compartir el viaje con una australiana emigrada de Macedonia que volvía a visitar a su familia por primera vez en 8 años y un sueco de padre griego y madre polaca. Cosas que pasan. Al menos pudimos dormir, y el tren sólo tuvo 2 horas de retraso (el verano pasado cogí el mismo tren y el retraso fue de 6 horas, así que no estaba el asunto para quejarse por dos horitas de ná). En Belgrado también tuve la ocasión de reencontrarme con viejos amigos y hacer alguna cata de cerveza local. El 24 de julio (día en el que yo cumplía 22 añitos de nada) fue el día más caluroso de la historia de Belgrado. Así, como suena. Así que ya me puedo sentir parte de la historia de Serbia :). (Por cierto, según los serbios, parezco serbio, y además más gente me ha comentado que hablo inglés con acento de los Balcanes. Tendré algún antepasado por ahí, o algo).

Desde Belgrado, otro tren, esta vez a Budapest, a donde llegué el 25 a mediodía. Un poco de turismo relax con "viejos amigos" del curso de Cracovia, y unas cuantas cervezas en un parque. No recuerdo el nombre, pero el parque está en una isla del Danubio, en pleno centro, y hay una fuente enorme en la que los chorrros de agua se mueven al ritmo de la música clásica que suena a través de unos altavoces. De vuelta al albergue, donde ya se empezaba a arremolinar la gente del curso de verano que empezaba al día siguiente, otro reencuentro inesperado. La botella de dos litros de ouzo que compré en el Duty Free de la frontera entre Grecia y Macedonia queda prácticamente muerta. Alguien habrá dado buena cuenta de los restos.

Así que ayer, 26, a las 7 de la mañana, estaba en Budapest, con una resaca del 15, y tenía que coger un avión a Helsinki a las 10 de la mañana. Milagrosamente (es decir, de puta casualidad) logré encontrar el camino y coger los tranvías, metros y autobuses adecuados y a tiempo. a las 8.40 estaba en la terminal 2 de Ferihegy. Por el camino, desapareció mi sudadera favorita :(. Pero en fin, pude llegar a Helsinki, completamente reventado. Del aeropuerto a la estación de tren, y allí, a comer a precio finlandés. Un sandwich de mierda, unas pringles y dos botellines de agua fresca, 5 euros... pero todo ello comprado en un supermercado! Tras disfrutar de mi menú tirado en un banco de la estación, fui andando con todos los bártulos hasta el puerto oriental. Desde allí, sólo hay ferries rápidos a Tallinn. Eso puede ser bueno (son rápidos) o puede ser malo (también son más caros), pero en cualquier caso, no estaba de humor como para tratar de llegar al puerto occidental, de donde parten los ferries lentos.

En cualquier caso, sobre las 7 de la tarde ya estaba, por fin, en Tallinn. Y lo primero que hizo mi amigo y anfitrión fue ponerme a levantar la valla de su jardín. Un poco de trabajo después de la paliza que me había metido... por qué no. Esta noche tuve la oportunidad de dormir 8 horas seguidas por primera vez en no sé cuanto tiempo, y por la mañana me he perdido por Tallinn. No por el centro, que ya le tengo visto, sino por los lugares "auténticos". Y así, he llegado a un mercadillo callejero repleto de rusos donde se vendían las cosas más extrañas e inútiles que he visto en mucho tiempo. He de volver, la colección de posters de la época soviética era impresionante.

Hoy además me he dado cuenta de que Tallinn se está convirtiendo en un destino turístico de masas. Cómo darse cuenta de esto es muy fácil: he oído al menos dos veces a gente hablando en castellano.

PS: A lo largo de mi vida he cogido ni más ni menos que 29 aviones. La principal conclusión que saco de esto es que cada vez soporto menos a la gente que aplaude cuando un avión aterriza. La próxima vez que monte en taxi, me voy a poner a dar palmadas en cuanto me deje en el lugar de destino.

escrito por Ignacio a 6:18 p. m.  ..  ver mensaje  ..   .. 

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1 comentarios:

Blogger Beatriz escribió...

Tendrás el mes de agosto para descansar, verdad? Yo ya estoy agotada después de leer el post :D Pero ya veo que lo has pasado muy bien, así que me alegro. Fiestas en Caleruega? ;) Twitter? :D

7/28/2007 6:18 p. m.  

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